Mientras con Raquel y Zayn ...
Había oscurecido a nuestras espaldas, mientras lo único que pasaba era el tiempo y las ruedas de aquel coche por la carretera. No me había dado la suficiente curiosidad de preguntarle a Zayn dónde nos dirigíamos; confiaba en él, por encima de todo, así que no me importaba lo más mínimo si quiera donde nos situábamos en este instante.
-¿No vas a preguntar a dónde vamos? — cuestionó él mientras manejaba el auto suavemente con seguridad.
-No me preocupa demasiado, si soy sincera. — bajé la ventanilla a la altura de mi barbilla y dejé que el aire chocara con mi piel delicadamente, sin piedad.
-¿A sí? — pude observar en primera línea como sus ojos se achinaron dejando ver sus dientes colocados en una perfecta fila. — ¿Se puede saber por qué tan poco interés?
-Donde sea que vayamos, estará bien. — me limité a contestar lo necesario y dejé que mi pelo bailara formando ondas en el aire.
-Pues, esta vez seré sincero yo. — hizo una pausa, dejando que su faceta seria se convertiera en la alegre de segundos atrás. Estaba hecho un experto bipolar. — No tengo idea de a dónde vamos.
Posé mi vista en su rostro, mordiendo mi labio, intentando no reírme por lo estúpido que sonaba pedir salir a alguien pero sin saber si quiera a dónde.
-¿Hablas en serio? — pregunté sin saber si lo que decía era real.
No me mal interpretéis, confiaba al cien por cien en Zayn; tan sólo, no era propio de él.
-Creía que esta vez te gustaría a tí elegir el sitio. — se hizo el ofendido por su parte abriendo uno de sus brazos hacia adelante exageradamente, para luego colocarlo de nuevo sobre el volante.
-Tengo una idea. — sonreí maliciosamente, aún sabiendo que posiblemente esa idea a él no le agradaría.
Para Zayn, mancharse de pintura, aún con un mono cubriendo cada parte de su esculturoso cuerpo, apuntando a otras personas con una pistola cargada únicamente con balas de pintura de varios colores; no era esa su idea exacta de diversión.
-Lo que sea. — habló sonriente.
-No creo que te guste, sinceramente. —reí imaginandome a Zayn con aquel ancho mono dispirándome con una pistola gigante.
-Dime qué tienes en mente.
Volví a soltar una carcajada; no podía impedirlo. Tapé suavemente mi boca con mi mano derecha evitando que pudiera fijarse en mi sonrisa.
-Raquel. —pronunció mi nombre amenazadoramente. — ¿A dónde iremos?
-Déjame ponerme al volante. —pedí haciendo un gesto con mis manos, como señal de que quería que levantara su trasero de asiento del piloto.
Él posó su mirada en mí incrédulo ante mis últimas ideas.
-¿Estás loca? —abrió sus ojos. —¿Quieres que pare en medio de una autopista para que conduzcas en vez de decirme a dónde quieres que vayamos?
Dicho así, sonaba estúpido. Debo admitir que sonaba tentador el hecho de correr el riesgo de que nadie condujiera el coche mientras cambiábamos nuestros asientos, y no temía por intentarlo.
-¿De qué tienes miedo? — incorporé mi cuerpo, girando mi cuerpo hacia él, esperándo que levantara su cuerpo de su puesto.
-De perderte en un accidente automovilísitico. — habló con expresión obvia en su rostro.
-Una buena manera de morir, ¿no crees? — reí ante aquella idea; me encantaba molestarle con típicas bromas de aquel tipo.
-Hablo en serio, Raquel.
Sabía que lo hacía, pero yo no lo hacía.
-Lo sé.
No hubo respuesta por su parte, por lo que decidí proseguir con mi idea de cambiar nuestros asientos. Desabroché mi cinturón y levanté mis caderas del mío, y lo miré por unos segundos intentando que moviera su trasero del suyo, pero no lo hizo.
-¿Te han dicho alguna vez lo cabezuda que puedes llegar a ser?
—preguntó él aún sabiendo la respuesta.
-La verdad es que me importa muy poco. Y más viniendo de tí.
—respondí cortante.
No lo decía en serio. Su opinión era la que más me importaba, pero era tan cabezuda, como decía, que no podía admitirlo de una vez por todas.
-Llevamos juntos un año, créeme, sé cuando mientes.
—se excusó.
-Entonces sabrás más que nada, que haré hasta lo imposible para que me cambies de sitio y dejes de conducir a la nada.
Él me miró por unos segundos, sin prestar atención a la carretera. Me estaba asustando.
-¿Zayn qué haces?
Quitó sus manos de los volantes y sus pies de los aceleradores, dejando de piloto a concretamente, nadie.
-Si quieres morir, moriremos por mi culpa.
— dijo suavemente.
En cualquier otra ocasión, hubiera dicho que eso era lo más tierno que jamás podía haber dicho, aunque al mismo tiempo, sea igual de cursi; pero viniendo de Zayn, podía aceptar la mayor de las cursilerías.
Él sabía tomar las medidas correctas de lo cursi, y convertirlo en algo mágico. Como hacía siempre.
-¿Estás loco o qué te pasa? ¿Se te fundió un cable?
—pregunté rápidamente, sin darme de cuenta de si mis frases tenían si quiera sentido.
-Ya te lo he dicho.
-Levanta tu culo de ahí y déjame conducir.
— señalé su asiento bruscamente.
-Está bien. Pero puede que toque varias cosas que no deba tocar mientras cambiemos los asientos.
—aquel chico llevaba genes pervertidos en su cuerpo.
-¿Desde cuándo eres así?
-¿Así cómo?
—no nos habíamos si quiera percatado de que seguíamos en la autopista sin piloto disponible.
-Pervertido sexual. Si lo hubiera sabido antes me lo hubiera pensado unas cuantas veces antes de salir contigo.
No pudo aguantar la risa, haciendo que sus ojos se achinaran una vez más, y yo no podía entender el por qué de su ataque de risa.
-Hablaba de el volante y el acelerador. Podría pisarlos o moverlos mientras nos cambiemos de asiento y hacer un completo desastre.
—apenas lo entendí, hablaba al mismo tiempo que reía y tan sólo me concentraba en sus pequeños oyuelos que formaba al hacerlo.
-Pues perdone usted, por pensar que podrías violarme mientras hacíamos el cambio de asientos.
***
{Paola y Greyson}
Habíamos subido a su viejo coche que estaba aparcado justo detrás de casa. En ningún momento nadie decidió decir ni una sola palabra, parecía haber conjurado un conjuro para que aquel chico se callara después de haber cruzado de la puerta hacia a fuera.
Me pareció extraño. Aquel pálido con pecas, hablaba sobre cualquier bobería que se le ocurriera al instante.
El viaje el coche fue básicamente más de lo mismo.
-Y... —no sabía que estúpido tema de conversación podría sacar ahora.
— ¿Qué tal estos últimos 9 meses?
"¿En serio Paola? ¿Qué tal estos 9 meses?" me golpeé mentalmente una, dos y tres veces mientras esperaba a que contestara.
-No estuvo mal.
—contestó sin más complicación.
¿No estuvo mal? ¿Qué le pasaba a este chico?
-Me gustan las nuevas canciones, son movidas y ese estilo me encanta.
—comente dando mi opinión, que obviamente comentaba sólo por ver su expresión.
-Gracias.
Notaba la poca importancia que le daba a la conversación por lo que decidí que era mejor ir al grano.
Que era lo que él hacia siempre.
-¿Te pasa algo?
No movía las manos del volante, como si se le fuera la vida en ello. No me dirigía la mirada en ningún momento, parecía temerme o algo parecido.
-No, no. -negó rotundamente. -¿Por qué piensas eso?
-“No estuvo mal” “Gracias” - hice una mala imitación de su profunda voz.
Él si quiera rió.
-No me pasa nada. - se molesto en contestar.
-Claro. - ironice.
Lo conocía de la misma manera que me conocía a mi misma. Sabía que cuando mentía, solía arrugar su nariz notablemente. Sabía que cuando se ponía nervioso, o cuando tenía miedo, se mordía una especie de bala que llevaba en forma de colgante en su cuello.
Sabía todo a cerca de su pasado, mientras que vivíamos juntos el presente.
Me siento orgullosa, de conocer a la perfección a la persona a la cual algún día quisiera llamar marido.
Y hay algo en mi interior, que me dice a gritos, que lo haré.
¿Quién dice que no?
Su personalidad alocada incluso en estos años de supuesta marudez que debería de adoptar, hacia el dueto perfecto con mi personalidad típica de domadora de leones.
Pero, como él siempre decía, yo era la única que podía domarlo.
Podían tomarse de varias maneras esta frase, pero yo sabía que decir ese tipo de cosas, le costaban.
Su físico adorable tapaba la gran capa que llevaba dentro, y le costaba reconocer cosas de este estilo.
¿Qué como lo sabía?
Hacíamos el dueto perfecto en este mundo de locos. Nosotros juntos no encajamos en este planeta, pero sólo basto conocerle, para darme cuenta de que juntos si encajamos.
***
Habíamos llegado a la nada.
Exactamente, no había absolutamente nada y más que nada
Tan sólo un viejo bosque, que ya es algo. Oscuro, tan sólo alumbrado por las pocas velas que habitaban en el césped.
Era obra de él.
Pero, ¿por qué esforzarse tanto en un “cita” si siquiera está de humor como para hablarme?
No tenía sentido.
-Greyson, ¿qué es esto? — pregunté mirando una y otra vez el lugar anonadada.
-¿Te han dicho alguna vez lo cabezuda que puedes llegar a ser?
—preguntó él aún sabiendo la respuesta.
-La verdad es que me importa muy poco. Y más viniendo de tí.
—respondí cortante.
No lo decía en serio. Su opinión era la que más me importaba, pero era tan cabezuda, como decía, que no podía admitirlo de una vez por todas.
-Llevamos juntos un año, créeme, sé cuando mientes.
—se excusó.
-Entonces sabrás más que nada, que haré hasta lo imposible para que me cambies de sitio y dejes de conducir a la nada.
Él me miró por unos segundos, sin prestar atención a la carretera. Me estaba asustando.
-¿Zayn qué haces?
Quitó sus manos de los volantes y sus pies de los aceleradores, dejando de piloto a concretamente, nadie.
-Si quieres morir, moriremos por mi culpa.
— dijo suavemente.
En cualquier otra ocasión, hubiera dicho que eso era lo más tierno que jamás podía haber dicho, aunque al mismo tiempo, sea igual de cursi; pero viniendo de Zayn, podía aceptar la mayor de las cursilerías.
Él sabía tomar las medidas correctas de lo cursi, y convertirlo en algo mágico. Como hacía siempre.
-¿Estás loco o qué te pasa? ¿Se te fundió un cable?
—pregunté rápidamente, sin darme de cuenta de si mis frases tenían si quiera sentido.
-Ya te lo he dicho.
-Levanta tu culo de ahí y déjame conducir.
— señalé su asiento bruscamente.
-Está bien. Pero puede que toque varias cosas que no deba tocar mientras cambiemos los asientos.
—aquel chico llevaba genes pervertidos en su cuerpo.
-¿Desde cuándo eres así?
-¿Así cómo?
—no nos habíamos si quiera percatado de que seguíamos en la autopista sin piloto disponible.
-Pervertido sexual. Si lo hubiera sabido antes me lo hubiera pensado unas cuantas veces antes de salir contigo.
No pudo aguantar la risa, haciendo que sus ojos se achinaran una vez más, y yo no podía entender el por qué de su ataque de risa.
-Hablaba de el volante y el acelerador. Podría pisarlos o moverlos mientras nos cambiemos de asiento y hacer un completo desastre.
—apenas lo entendí, hablaba al mismo tiempo que reía y tan sólo me concentraba en sus pequeños oyuelos que formaba al hacerlo.
-Pues perdone usted, por pensar que podrías violarme mientras hacíamos el cambio de asientos.
***
{Paola y Greyson}
Habíamos subido a su viejo coche que estaba aparcado justo detrás de casa. En ningún momento nadie decidió decir ni una sola palabra, parecía haber conjurado un conjuro para que aquel chico se callara después de haber cruzado de la puerta hacia a fuera.
Me pareció extraño. Aquel pálido con pecas, hablaba sobre cualquier bobería que se le ocurriera al instante.
El viaje el coche fue básicamente más de lo mismo.
-Y... —no sabía que estúpido tema de conversación podría sacar ahora.
— ¿Qué tal estos últimos 9 meses?
"¿En serio Paola? ¿Qué tal estos 9 meses?" me golpeé mentalmente una, dos y tres veces mientras esperaba a que contestara.
-No estuvo mal.
—contestó sin más complicación.
¿No estuvo mal? ¿Qué le pasaba a este chico?
-Me gustan las nuevas canciones, son movidas y ese estilo me encanta.
—comente dando mi opinión, que obviamente comentaba sólo por ver su expresión.
-Gracias.
Notaba la poca importancia que le daba a la conversación por lo que decidí que era mejor ir al grano.
Que era lo que él hacia siempre.
-¿Te pasa algo?
No movía las manos del volante, como si se le fuera la vida en ello. No me dirigía la mirada en ningún momento, parecía temerme o algo parecido.
-No, no. -negó rotundamente. -¿Por qué piensas eso?
-“No estuvo mal” “Gracias” - hice una mala imitación de su profunda voz.
Él si quiera rió.
-No me pasa nada. - se molesto en contestar.
-Claro. - ironice.
Lo conocía de la misma manera que me conocía a mi misma. Sabía que cuando mentía, solía arrugar su nariz notablemente. Sabía que cuando se ponía nervioso, o cuando tenía miedo, se mordía una especie de bala que llevaba en forma de colgante en su cuello.
Sabía todo a cerca de su pasado, mientras que vivíamos juntos el presente.
Me siento orgullosa, de conocer a la perfección a la persona a la cual algún día quisiera llamar marido.
Y hay algo en mi interior, que me dice a gritos, que lo haré.
¿Quién dice que no?
Su personalidad alocada incluso en estos años de supuesta marudez que debería de adoptar, hacia el dueto perfecto con mi personalidad típica de domadora de leones.
Pero, como él siempre decía, yo era la única que podía domarlo.
Podían tomarse de varias maneras esta frase, pero yo sabía que decir ese tipo de cosas, le costaban.
Su físico adorable tapaba la gran capa que llevaba dentro, y le costaba reconocer cosas de este estilo.
¿Qué como lo sabía?
Hacíamos el dueto perfecto en este mundo de locos. Nosotros juntos no encajamos en este planeta, pero sólo basto conocerle, para darme cuenta de que juntos si encajamos.
***
Habíamos llegado a la nada.
Exactamente, no había absolutamente nada y más que nada
Tan sólo un viejo bosque, que ya es algo. Oscuro, tan sólo alumbrado por las pocas velas que habitaban en el césped.
Era obra de él.
Pero, ¿por qué esforzarse tanto en un “cita” si siquiera está de humor como para hablarme?
No tenía sentido.
-Greyson, ¿qué es esto? — pregunté mirando una y otra vez el lugar anonadada.
Él me dirigió la mirada, al parecer por primera vez en toda la noche. A cualquier chica, le encantaría que su novio le trajera a un bosque en plena noche tan sólo alumbrándolos con las luces de unas velas. Pero, viniendo de un novio como Greyson, permitidme dudar de si ésto lo hacía por alguna razón en especial.
-No se me dan bien dar sorpresas. — rió él como un niño de 5 años, arrugando la nariz.
Sería por esto por lo que actuaba extraño hace unos minutos.
-No. Eso siempre lo he sabido. — dije observando como su sonrisa se tornó a una cara de lástima. Sabía que le fastidiaba no poder hacerme sorpresas, aunque sabía perfectamente que las odiaba. — Pero me encanta.
-¿La sorpresa o que si quiera haya sido una? —preguntó levantándo el mentón, prestándome de nuevo atención.
-Ambas cosas hacen que esté enamorada de tí. — sonreí tiernamente, al igual que él hizo minutos después.
Aquel chico me volvía completamente loca.
-Estoy enamorado de tí.
-Y encima te copias de mis frases. —reí mientras me sentaba en el césped. Él hizo lo mismo, pero giró su cuerpo hacia a mí, mientras yo me recostaba para poder divisar las costelaciones.
-Estoy enamorado de tí. — repitió pero esta vez riendo como si no lo creyera. — Y nunca he podido estar más seguro de lo que digo. Siempre me dejo llevar, siempre hago las cosas involutariamente, haciendo que gobierne mi cerebro cada parte de mi cuerpo. Pero no puedo estar más orgulloso de que mi corazón me diga lo que tengo que hacer en este momento.
Me daba verguenza mirarlo en estos momentos. No era capaz de hacerlo.
-¿Sabes? — pasó su mano por su frente, y después de reír irónicamente, prosigió. — Recuerdo perfectamente el día que nos conocimos. Lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer. Pero no es así. Hace un año atrás, justo este mismo día, pude enamorarme por primera vez. Recuerdo como tus ojos se cristalizaban de la misma manera que lo hacían muchas de las fans que había tenido la oportunidad de conocer. Pero, no te veía de la misma manera en que las veía a tí. Desde aquella noche, pasaron miles hasta el día de hoy, que no dejo de pensar en tí. ¿Y sabes por qué? Porque elegí enamorarme de tí. No de super modelos; me enamoré de la persona que aún enferma, aún gritándome, aún regañándome por mi comportamiento, sigue siendo la mujer más hermosa que he visto en toda mi jodida existencia. No puedo estar más orgulloso de haber escuchado por primera vez a mi corazón. Por que, ¡mira a donde me ha llevado! Ahora estoy aquí, y mañana... Mañana puede que no lo sepa. Pero si algo sé es que quiero que seas tú la persona con que pueda compartir idioteces toda mi vida. Esa persona que gobierne todos mis sentidos.
Era incapaz de moverme en aquel momento, tan sólo mordía mis labios de tal forma que sangraban. No quería que me viera llorar. No ahora.
-Y es que incluso en los peores momentos, estuviste a mi lado. Cualquier otra persona podría haber estado conmigo por la fama, por el dinero o por cualquier egoísmo aparente, pero, fuiste capaz de demostrarme que incluso en los peores momentos, puedes domarme. Y como ya te he dicho, tú eres la única que puede domarme. Sabes que para mí, decir este tipo de cosas, me es difícil. Pero prefiero perder el orgullo una vez en el resto de mi vida tan sólo porque sepas que no quiero perderte. También sé que no me ves el típico chico cursi que dice sus sentimientos más de una vez. Pero esta noche es una noche para recordar.
No pude aguantar más, y ya las lágrimas estaban a punto de rozar la piel de mi cuello. La piel de mi brazo estaba completamente erizada, de gallina y por unos segundos, olvidé lo que era respirar.
-¿Sabes por qué? Porque por una vez en la vida. Tengo las cosas claras. No me ando con rodeos. No pretendo eso. — suspiró frustado. No sabía cómo explicarse. —Hace un año te acababa de conocer. Y debo admitir, que este es mi segundo momento más hermoso que jamás he vivido. En el primero conocí a la persona que conseguí calmar mis estupideces, que consigue hacerme reír incluso cuando debería ser imposible, la que consigue hacerme sonreír cada vez que levanto por la mañana. Esa eres tú. Sí, tú. Paola. Recuerdo que para tí, esto era algo imposible. Algo irreal que no eras capaz de comprender por qué te pasaba a tí. Pero está pasando y va a pasar. ¡Joder! Que hace un año no me hubiera imaginado llegar hasta aquí. ¿Sabes?
Notaba que él estaba al borde de las lágrimas, pero yo ya había roto en ellas hace demasiado tiempo. Me incorporé para poder divisarlo mejor.
-Greyson, ¿qué pasa?
-Es que joder, hace un año acababa de verte por primera vez, y ahora... Mierda, ahora... Ahora estoy buscando la manera menos idiota de pedirte que te cases conmigo.
Si creía haber llorado los minutos anteriores, ahora las lágrimas eran reales. Tapé con mis manos mi cara al completo para que no pudiera ver mi expresión y suspiré repetidamente, intentando respirar correctamente pero me era imposible, parecía que estaba teniendo problemas respiratorios.
¿Qué se supone que debería responder a eso?
Es decir, no tenía ni una sola palabra, si quiera frase que fuera oportuna en esta situación. Para mí, el tiempo había pasado lento. No era demasiado rápido para contraer matrimonio. No es que no confiara en él, había soñado con este momento toda mi vida y no podía negar que parecía que esto era un sueño del que no quería despertar.
Pero, ¿qué hacer cuando no tienes una respuesta?
Seguir al corazón. ¿No es cierto?
El chico que atrapó mi corazón, y que más de una vez pudo llegar a romperlo, pero que segundos después lo recompuso, estaba frente a mí, esperando a que al menos pronunciara una sola palabra. Pero eso era como pedirle a la luna que dejara de brillar por la noche.
Imposible.
"Es pronto. Dile que no." "Has soñado con este momento toda tu vida, ¿pretendes decirle que no?"
"Reacciona, va a pensar que no quieres ni verle".
Varias voces hablaban a gritos en mi cabeza. Pero, ¿cuál escuchar? Mi corazón parecía estar escondido tras esas voces que esperaban ser escuchadas.
-Greyson... —pronuncié su nombre. El después de esperar tanto, levantó su mentón avergonzado. En cambio, yo lo baje. No quería contacto de miradas en este momento. Me confundían. —Yo.. Joder, entiéndeme, tengo una vida por delante. Tengo mi carrera, tú tienes la tuya, tenemos miles de planes previstos para ambos. Si quiera ha pasado un año. Creeme, que ser tu esposa suena tentador. Lo es, realmente. No me puedo imaginar una idea mejor, pero, entiéndeme. Estoy confusa.
-Es un no, ¿verdad? — un hilo de voz se formó en su voz que ya era ronca de por sí.
-No. Es un necesito tiempo. — finalicé.
Él asintió levemente.
Créanme que me sentía estúpida. Era el chico con el que llevaba soñando desde hace años. Con el que quería pasar más años de los que pudiera desear, pero la confusión de ser suficiente para él, si de verdad era lo correcto, si era lo mejor para ambos, si eso afectaría a nuestro futuro o nuestras carreras. Cómo se lo tomarían Paula, Raquel, Zayn... Justin. Sobre todo, Paula. Ella estuvo desde el principio, y aún sigue aquí. Dios, y aunque me cueste admitirlo. Justin también lo estuvo.
Estuvo haciendo el papel de mejor amigo. Recuerdo que era la persona con la que podía hablar de cualquier cosa, sabía que él siempre me haría reír aunque estuviera pasando por el peor momento. Recuerdo las peleas con Greyson, él siempre era el intercomunicador, me daba los mejores consejos que jamás llegué a escuchar de alguien. Hizo el papel de hermano. Y después de todo, ¿qué puedo decir? Me siento orgullosa de poder decir que elegí bien. Ninguna persona podía haberlo echo mejor que él. Nadie me hubiera podido ayudar de una mejor manera. Y a pesar de todo, le debo más de lo que puedo admitir.
En estos momentos. Me sentía una gran estúpida. La tomaba con quien no debía y tomaba decisiones inapropiadas.
-¿Quieres volver a casa ya? — preguntó él nervioso.
Negué rotundamente.
-No quiero desaprovechar esta noche contigo.
-Seguramente, Paula querrá que vayamos para no estar con Just...
-Estarán bien. — le sonreí. Al igual que él lo hizo. — Igual que nosotros.
***
No hay comentarios:
Publicar un comentario