{Raquel y Zayn}
Y este era el momento.
Buscaba
los segundos apropiados para hacer un cambio de asientos asombroso y
sin fallos. Cualquier fallo que cometiera podría llevarnos a la muerte.
Y yo no quería sentirme culpable de ello en el infierno.
Zayn estaba completamente listo, y yo aún esperaba tener una idea afortunada de por donde moverme para no mover el volante y provocar un accidente.
Entonces, cuando estuve aparentemente lista. O eso pensaba realmente, miré a Zayn quien tenía cara de preocupació. Asentí, dándole a entender que ya pondríamos el plan en marcha.
Por alguna extraña y estúpida razón, cerré los ojos en el mismo momento en el que nuestros cuerpos ya estaban teniendo contacto. Nuestros pies se tropezaron, por lo que caí de golpe en el asiento del piloto y él chocó su cabeza con la puerta del copiloto fuertemente.
Me asusté. Coloqué mis manos en mi cabeza desesperada y pegué un grito.
Después de recordar que nadie seguía sin conducir así que puse una mano en el volante asegurandome de que había vía libre en la autopista y miré a Zayn, palpando su cadera repetidamente, buscando alguna respuesta por parte de él. Pero tan sólo conseguía más de lo mismo nada.
Todo era por mi maldita culpa.
-¡Zayn, por favor, dime algo! — grité impotente. No podía hacer nada.
Si quitaba las manos del volante, moriríamos los dos. Y si no lo hacía, probablemente moriría él.
La verdad, no podría seguir viviendo una vida sin él. Así que me daba igual si moría hoy, o si moría en unos años, pero no soportaría seguir sin él.
-¡Zayn, dime cualquier cosa pero háblame! — seguí gritando.
Su cuerpo estaba inmóvil en el asiento. Hasta que segundos después de haberlo cacheteado suavemente en la mejilla, y sacudido, comenzó a reírse aún con los ojos cerrados, que abrió segundos después.
-Qué dolor de cabeza.
-¡Idiota! — grité. —¿Estabas actuando?
-Quería gastarte una pequeña broma. Ahora te lo pensarás dos veces antes de hacerme cambiar de asiento. — rió nuevamente.
Ese chico era mi doble.
-Créeme. Nunca más.
***
Habíamos llegado al lugar donde creía que nunca llegaríamos. Pero el destino, al parecer, quiso que lo hicieramos.
Ví a Zayn mirarme amenazadoramente después de fijarse en el gran letrero de en frente.
"Paintball".
-¿Algún problema? ¿Te sigue doliendo la cabeza?
— bromeé risueña.
Él sacó su lengua como un niño pequeño. Adoraba su forma infantil de enfrentarse al mundo.
Aunque no lo creáis, era una de las cosas que me encantan y a la vez, me llamaba la atención de Zayn Malik. Puede parecer fuerte ante todo. No digo que lo sea, tal vez, sólo lo veo como un niño pequeño que teme acabar sólo. Se enfrenta a sus miedos de una manera poco común que jamás una persona de 20 años, como él, haría. Y eso, era lo que le hacía diferente.
La manera que tenía de darle la cara a sus propios problemas era una de las cosas que le hacían ser Zayn Javadd Malik. Y no lo cambiaría por nada del mundo.
-La verdad que sí. —rascó su nuca perezoso y luego rió. —Pero no es eso. — pausó. — ¿Paintball?
-¿En serio temes al Paintball, Zayn Malik?
-En serio.
-Tal vez "en serio" sea nuestro siempre. — actué al igual que Augustus Watters como toda una cómica.
Otra de las cosas que amaba de mi novio.
-No. Tu y yo seremos nuestro propio para siempre.
No le importó lo más mínimo que hubiera gente caminando por la calle observándo la escena, tomó mi cintura de la única manera que conocía de él. Suave, no tanto como para si quiera rozarme, ni tan fuerte como para hacerme daño.
Como decía, sabía tomar las medidas correctas para pasar todo de lo cursi a lo perfecto. A lo que me enamoraba de él.
Recuerdo hace un año atrás, viendo películas cursis con mis mejores amigas. Si es que se pueden seguir llamando así; odiaba la manera en la que el chico se apegaba a ella de una forma insoportable. Sin parar de atosigarla con te quieros y miles de palabrerías que ni siquiera demostraba.
Sinceramente, no podía odiar más esas películas más de lo que las odiaba.
Recuerdo ver a mis amigas soltar amplios suspiros enamoradisos mientras a mí sólo me entraban arcadas.
Me imaginaba a Zayn, en ese momento tan sólo era mi ídolo; de esa misma manera. Actuando o diciendo aquellas mismas palabras.
Pero desde que lo conocí, supe en seguida, que aquellas chicas que protagonizaban las películas que tanto odiaba, protagonizan el mismo papel que el que yo hago ahora.
Amar no es cuestión de el apego que le tengas a esa persona en sí, tampoco de las palabras, ni la cantidad de te quieros que le dices al día; es la manera en que te lo demuestras.
Hay mil y una manera de demostrar lo que sientes por una persona.
Y aunque aquellos personajes lo expresaran de la forma en que lo hacían, ¿qué podía hacer yo? Era amor, en otras medidas.
Pero lo encontré a él, mi Augustus Watters en Bajo La Misma Estrella, mi Jack en el Titanic.
Mi Zayn Malik en la vida real.
No era como ellos, tan sólo hacían el mismo papel.
No me lo demostraba de la misma manera, tan sólo me daba las proporciones adecuadas en el momento indicado.
Él era más de lo que pedía, y menos de lo que puedo desear. Pero apareció, y no puedo estar más feliz por que el destino haya querido juntarnos.
***
-¿Entramos? — pregunté suavemente en su oído, ya que mi cabeza residía en su pecho, mientras su mano aún residía en mi cintura.
-¿No podemos quedarnos así para siempre? — me contestó con otra pregunta.
La verdad que no me importaría pasar el resto de mis días abrazada a su lado, sin preocupaciones.
Pero la realidad me lo impedía.
-Desafortunadamente, no podemos.
-¿Por qué? Nada lo impide. — se quejó sin querer soltarme. Alejé mi cuerpo cuidadosamente de él y le miré a sus ojos marrón oscuro que con la luz del sol, se tornaban más claros.
-Porque la realidad es cruel, y por más que quiera quedarme, la vida no es eterna. Nada es para siempre.
-Nosotros sí lo somos.
-Comprueba tu teoría. —dije. — Ningún cuerpo es para siempre, las almas viven eternamente.
-Deja tu opinión de sabionda para otro momento. — pidió sonriente.
-Pides cosas inútiles.
-Tan sólo te pido que no me hagas entrar y jugar a Paintball. —se arrodilló frente a mí, con las palmas de sus manos formando la misma posición que los cristianos al rezar.
-Zayn, levántate. — pedí avergonzada, y a la vez sonrojada al ver a la gente que pasaba a nuestro lado mirando hacia nosotros. —Zayn, te lo pido por favor.
-Déjame en el coche, entra y juega tú todo lo que quieras. Pero por favor, hoy no.
Se levantó como pudo y posó su mirada en mí.
-No seas quejíca, vamos a jugar los dos. ¿A qué le temes? Tan sólo son bolas de pintura.
Suspiró ampliamente, pensando seguramente lo cabezuda que era.
Y lo era. Pero, ¿qué podía hacer al respecto?
Era parte de mí, igual que él lo era.
Entramos en el salón donde un chico muy amable, nos atendió.
-Dos monos por favor.
-Si se le olvida el último no le cogeremos rencor. — aclaró Zayn guiñándole el ojo al pelirrojo frente a nosotros, quien salió despedido en busca de ambos monos.
-¡Zayn! — me quejé.
-¿Qué? Tan sólo le he dicho la verdad al chaval. — se excusó él mismo.
En menos de un minuto, nuestros monos estaban listos. Había pedido dos pistulas cargadas con 35 bolas de pintura. El color, no importaba.
Estaba dispuesta a machacar a Zayn en Paintball.
Cuando ambos estábamos vestidos, debíamos cruzar una pequeña puerta que indicaba que ya estábamos dentro del juego. Pero antes, decidí burlarme de cómo le quedaba a Zayn el mono.
Me fije en él quien se miraba en el espejo de arriba a abajo, no del todo convencido.
-¿En serio tengo que salir así vestido?
Reí tapándo mi boca para que no se notara.
No es que no le quedara bien. A Zayn le quedaba todo jodidamente bien. ¿La explicación? No tengo ni idea. Tan sólo me hacía risa que pensara que le quedara mal.
-En serio.
Sonreí al recordar que para él, ese "en serio" , era nuestro siempre.
-Me odias.
-No te odio. Tan sólo te estoy cobrando por aquella vez que me hiciste montar a caballo a conciencia. — le recordé.
-Eso fue tierno. Esto es un suicidio. — se quejó.
-No exageres. — reí fuertemente. Tenía la risa floja. Él sonrió de lado.
¿Era un Dios griego?
-Prometo no darte muy fuerte. — le susurré en el oído, teniendo que ponerme de puntillas para llegar a su altura.
Atrapó mi mano con delicadeza, y luego depositó un pequeño beso en mi mejilla.
Con la mano que teníamos libre, cogimos cada uno un casco y lo depositamos en nuestras cabezas. Y cuando estuvimos listos, soltamos nuestro agarre, nos miramos por última vez antes de estar cada uno en un bando diferente, y, comenzó el juego.
Estábamos como en un pequeño descampado. Habían pequeños bloques de hierro que antes formaban una casa, colocados perfectamente para esconderse del enemigo. Me escondí detrás de el primero que encontré, no estaba dispuesta a perder el tiempo buscando otro más adecuado y arriesgarme a que me dispararan.
Escuché varios disparos de pintura por todo el descampado. Reí ante la idea de que alguno de ellos fuera para Zayn y ya estuviera eliminado tan rápidamente. Pero entonces, tapé mi boca bruscamente, ya que recordé que no debían descubrir mi escondrijo.
Cuando hubieron pasado unos minutos y no escuché ningún ruido ni movimiento más, salí sigilosamente, pensando que Zayn contraatacaría en cuánto saldriera con una táctica de las suyas.
Pero no lo hizo.
Seguramente no habría jugado nunca. Jugaba con ventaja.
Di la vuelta a los bloques que habían tras mí, y encontré un cuerpo en el piso. Vigiliando que nadie me siguiera... ¡Qué diablos! ¡Qué mierda importaba el dichoso juego ahora mismo!
Me arrodillé ante el personaje anónimo que había frente a mí y ví que estaba inconsciente en el suelo.
Saque su casco, percatándome de que era Zayn.
Examiné repetidas veces su cuerpo de arriba a abajo buscando un disparo de pintura pero no había ni uno. No entendía el motivo.
-¡Zayn, despierta!¡Estáte conmigo, por favor! - grité.
Me sentia impotente al no saber qué hacer, estaba en shock sin saber cómo debía actuar.
-¡Socorro!¡Ayuda, por favor! - di un grito ahogado, lo más audible que pude, y afortunadamente, alguien consiguió prestarme atención.
El mismo chico pelirrojo de antes actuó con rápidez, cogió su teléfono y llamó al 112. En cuestión de segundos, alguien atendió a su llamada.
-Una ambulancia rápido, a la calle Saint Johnson, 71. Rápido, se lo ruego. — habló el pelirrojo atropellandose con las palabras.
-¡Ayúdame a levantarlo del suelo! — exclamé. Las lágrimas no me ayudaban para nada.
Quería poder mostrarme fuerte ante esto, quería poder verle despertar a mi lado una vez más y sonreírle. Quería seguir manteniendo mi imagen fuerte ante él.
Pero había actuado como completa idiota todo el día. Desde el momento en el que quise cambiar nuestros asientos, hasta el momento en el que le obligue a hacer algo que él realmente no quería.
O simplemente era una excusa por que se sentía capaz de hacerlo en este momento.
Recordé sus palabras:
"Déjame en el coche, entra y juega tú todo lo que quieras. Pero por favor, hoy no. "
Y fue entonces, cuando todo golpeó sobre mí como miles de rocas al mismo instante.
Tenía la culpa de todo.
Pero ahora no se trataba de mí, se trataba de la vida de Zayn.
***
La ambulancia llegó en menos de lo que esperaba y tan sólo rezaba para que no fuera algo grave y pudiera recuperarse. Era lo único que pedía en años.
Nunca rezaba para pedir cosas materiales, para ser como otra persona, si quiera para tener los mismos derechos ni tendencias que otra persona. Suena estúpido que la gente rece tan sólo para pedir ser igual a otra persona.
Como solía decirse, guardaba lo que de verdad merecía pedirse a Dios para momentos como este.
Tan sólo pedía que me pusiera a mí en esa misma camilla en la que se lo llevan, a mí. Que cambiaramos los papeles.
Porque haber muerto por él, sería un gran placer.
Que él sea el motivo de mi muerte, sería todo un privilegio.
***
Me habían pedido acompañar a Zayn en la ambulancia, y no dudé en hacerlo.
Lo hubiera hecho incluso sin invitación.
Cerraron la puerta de la ambulancia y practicamente pasó una milésima de segundo para que los enfermeros se pusieran manos a la obra. Debía ser algo grave ya que se miraban unos a otros preocupados, pero no querían decirme qué pasaba por más que gritara.
Tenía derecho de saber lo que pasaba, pero a ninguno parecía interesarles.
Llegamos al hospital y bajaron la camilla de Zayn más rápido de lo que imaginaba que pudiera hacerse, tenían prisa para que un médico pudiera atenderle de inmediato.
Lo subieron a planta, junto a mí en el ascensor y nada más llegar, lo llevaron por los pasillos fugazmente, sin siquiera darme explicaciones.
Cerraron las puertas de una de las salas que habían al final de el pasillo, y la golpeé fuertemente, intentando que me dejaran pasar, pero nadie me prestó la más mínima atención.
Quería entrar dentro, agarrarle la mano como hacía minutos atrás había echo, decirle que todo estará bien.
Me senté en el piso, abrazando mis rodillas y rompiendo a llorar una vez más.
***
-Señorita Malik. — un doctor había tenido la amabilidad de salir de la sala minutos después.
-Summers. — corregí. — Lo de Malik, dependerá de ustedes. — contesté cortante.
-Lo que sea. — acomodó sus gafas de pasta negra en su nariz y prosigió. Mi corazón latía demasiado rápido para lo que estaba acostumbrada. Podía sentirlo. A él. — El señor Malik, tuvo que ser atendido rápidamente en el quirófano, de lo contrario, sinceramente, no sé lo que hubiera pasado. Tengo una noticia buena y otra mala. ¿Es la única que está aquí?
-Sí. Dígame la mala. — siempre he pensado que prefería oír las noticias buenas al final, para recompensar. Era una tontería, pero era mi criterío.
-La mala es que el señor Malik, ha sufrido un derrame cerebral. Seguramente por un golpe bastante fuerte provocado hace poco tiempo.
Entonces recordé en un pequeño flash back lo que había ocurrido.
Antes de romper nuevamente a llorar, decidí escuchar la buena noticia.
-¿La buena? — un hilo de voz se asomó por mi garganta.
-Lo hemos podido atender a tiempo. — sonrió.
Un gran suspiró de alivio salió de mis labios.
-¿Puedo verle? — sonreí mientras lágrimas de felicidad salían de mis ojos esta vez.
-Tendrá que esperar un tiempo a que se recupere. Lo pasaremos a planta en este instante. Puede aprovechar para llamar a algún familiar.
Asentí levemente, esperando el momento en el que podría abalanzarme sobre Zayn.
***
{Paula y Justin}
El silencio abundó la habitación desde el momento en el que la última persona que despareció de ésta, cerró la puerta.
Ninguno de los dos se dignaba a hablar. Tan sólo permanecí en mi lado del sillón, y él en el sofá de en frente. Bajé mi cabeza sin saber qué decir ante esta situación.
Pero creo que más de una persona en mi situación no hubiera dicho absolutamente nada.
Así que dejé que el orgullo hablara por sí sólo.
-Voy a mi habitación. — me excusé levantándome de mi asiento.
-Tenías razón. —su voz resonó en todo el salón haciendo que pegara un pequeño brinco.
-¿Con qué? — pregunté cortante.
Era la primera conversación estable que teníamos desde hace 9 meses. Y al parecer la única.
-Eres la persona que falta en mi vida. — contestó acercándose a mi cabizbajo.
Juraba que algo en el estómago se me había estrujado por completo.
Tragué saliva y dudé entre contestarle o no hacerlo.
Di un paso al frente, acercandome a él. Lo observé por unos segundos, al igual que él hacía conmigo. Inspeccionandome de una manera apaciguada, sin miedo.
-¿Te has parado a pensar que no tengo la culpa de eso? — respondí con otra pregunta que seguramente le costaría contestar a su ego.
Él volvió a bajar su cabeza. Entendí que no quisiera contestar, así que volví a mi camino a la habitación. Pero volvió a intentar hablar nuevamente.
-Todo estaba tan bien. Desde el día en que te conocí, hasta el día en que cada uno tendría que marchar por su lado. —comenzó a hablar, pero tan sólo bajé la cabeza poco a poco, aún sin girarme. — Recuerdo perfectamente cada uno de los momentos que vivimos juntos. Y también recuerdo a la perfección los momentos que tuve que vivir lejos de tu lado.
Me dí la vuelta para observar su expresión mientras hablaba, quería asegurarme de que no mentía. Cuando lo hacía, formaba una pequeña aunque apenas notable sonrisa en los labios.
-El primer día que llegué a Canadá, mi mánager había organizado una gran gira, que duraría 6 meses, por toda latinoamerica, además de España y muchos países. Apenas tuve tiempo para centrarme en mí, la prensa se encargaba de que no tuviera vida personal, y si en algún momento conseguía tener un momento de privacidad, publicaban eso. La gira se basó en entrenamiento, coreografías, clases de canto, repasar las canciones una y otra vez, y de aeropuerto en aeropuerto. Después de esos 6 largos meses de duro trabajo, acabó la gira, y empezó la premiere de mi nueva película, y la firma de CDs. Me organizaron varias entrevistas. Y entonces, fue cuando pasó.
Bajó la cabeza y tragó saliva.
-Me adentré a el mundo de la droga. Sí, lo hice. Pero no sabes lo que me arrepiento de haberlo hecho. Cada cosa que hago perjudica más a los de mi alrededor, como si fuera una bomba que estalla a los pocos segundos. Comencé a beber, tan sólo por el hecho de recordar cada uno de los momentos que pasamos tu y yo. Recordar que ya nada sería lo mismo. Que después de todo, apostaba a que me habrías olvidado. Que serías feliz con otro hombre que pueda darte la mitad de lo que yo te amo. Porque lo único que siempre me ha importado, es tu felicidad.
Me miró a los ojos y se acercó.
-Si no quieres creerme, lo comprendo. Tampoco creería a un chico que se droga y viene de la nada a pedir perdón. Pero no vengo sólo a eso. Créeme cuando te digo que intenté llamarte más de una vez, pero ya nada era lo mismo. No tenía tiempo ni para pensar en mí mismo, y si lo hacía, me drogaba para olvidar. Las chicas no me ayudaron como pensaba que lo harían. Tan sólo quería sacarte de mi maldita cabeza, pero por alguna razón aparecías en cada momento de mi jodida vida. Como si nunca te hubieras ido, como si, siempre fueras a estar ahí. Soy una mierda de persona, y no te mereces que haya vuelto a joderte la vida más de lo que lo he hecho, pero la única razón por la que he venido, es tan sólo una. Que encuentres la felicidad. No me importa que sea conmigo, o sin mí. Con otro chico que te haga sonreír de la manera en que a mí me encantaba hacerlo. Haciendo pequeños oyuelos en tus mejillas y arrugando tu nariz de una forma adorable. Con otro chico que te recuerde cada día que nunca te dejará, y que al menos lo prometa. No como yo lo hice.
Estaba al borde de las lágrimas, pero las escondí rápidamente por miedo a que las viera.
-Si quieres échame de tu casa, grítame que soy un jodido estúpido por venir de nuevo al mismo sitio donde nos encontrámos. Échame a patadas como sé que te gustaría hacerlo. Dime que no quieres volver a verme jamás en tu vida. Que tu vida irá mejor sin mí. ¿Y sabes? Lo creeré. Aunque me duela. Lo admito, lo creeré. Porque yo sí di motivos para que tengas las malditas ganas de echarme. Me lo merezco. Soy una mierda de borracho asqueroso que sólo saber joder la vida a la gente y por eso, esas noches oscuras de soledad en las que sólo habían varias cervezas en mi mesa, comprendí que tú no hubieras dejado que esto pasara. Nunca. Tu sabes controlarme y hacerme feliz a la misma vez, sin problemas. Tú eres la única que puede cambiarme. Así que después de toda la mierda que te acabo de decir, tan sólo quiero saber lo que pasa por tu cabeza en estos momentos. Si no quieres, necesitaré al menos cinco litros de cerveza para olvidar que hice el ridículo por décima vez.
Finalizó.
Tan sólo levanté mi cabeza y al mismo tiempo que respiraba profundamente, cerré los ojos, intentando escuchar lo que el corazón me estaba diciendo.
¿Qué debo hacer, mierda de corazón? Siempre sabes lo que cojones debo hacer en el momento adecuado.
Aunque a veces no te escuche y me lleve por mí misma, esta vez decides tú. Te doy ese privilegio.
O tal vez, no.
¿Qué digo? ¡A la mierda el corazón!
Me acerqué a Justin fugazmente sin siquiera pensarlo; si piensas las cosas es cuando tienes miedo a hacerlas. Por eso no tomé más de un segundo para rodear su cuello con mis brazos y apoyar mi cabeza en su pecho.
Sentir su aroma después de tanto tiempo, sentir su piel chocar con la mía.
A él le costó reaccionar, hasta que apoyó sus brazos en mi cintura aprentandome a él. Seguramente esta sería la última reacción que esperaría de mí. Pensaría que le gritaría, que le echaría o algo parecido.
Pero, cuando se trataba de él, no podía hacer más que locuras. Con cualquier otra persona, no me hubiera importado echarle.
Pero, él era mi debilidad.
***
Juraría que había pasado al menos un minuto, y aún seguía con ganas de no soltarlo nunca. Pero sabía que debía hacerlo.
Me separé de él y lo miré por última vez antes de irme.
-Dicen que hay abrazos que valen más de mil palabras. — dijo. — Pero aún no entiendo lo que éste quiere decirme.
Me di la vuelta y le sonreí notablemente con mis ojos apagados.
-Si quieres descubrirlo, deberás quedarte.
Me dedicó una sonrisa auténtica, de esas que hacía mucho tiempo que no veía en él.
Subí las escaleras velozmente sin importarme que siguiera mirando, y entré a mi cuarto, dejándole solo en el salón.
Estúpida yo.
Podría haberlo perdido para siempre, podría nada ser lo mismo, lo sé mejor que nadie. Pero, cuando se trataba de él y yo, en esta guerra, en esta historia.
Todo era posible.
Y cuando decía de todo, incluía hasta la mayor de las guerras.
Si quitaba las manos del volante, moriríamos los dos. Y si no lo hacía, probablemente moriría él.
La verdad, no podría seguir viviendo una vida sin él. Así que me daba igual si moría hoy, o si moría en unos años, pero no soportaría seguir sin él.
-¡Zayn, dime cualquier cosa pero háblame! — seguí gritando.
Su cuerpo estaba inmóvil en el asiento. Hasta que segundos después de haberlo cacheteado suavemente en la mejilla, y sacudido, comenzó a reírse aún con los ojos cerrados, que abrió segundos después.
-Qué dolor de cabeza.
-¡Idiota! — grité. —¿Estabas actuando?
-Quería gastarte una pequeña broma. Ahora te lo pensarás dos veces antes de hacerme cambiar de asiento. — rió nuevamente.
Ese chico era mi doble.
-Créeme. Nunca más.
***
Habíamos llegado al lugar donde creía que nunca llegaríamos. Pero el destino, al parecer, quiso que lo hicieramos.
Ví a Zayn mirarme amenazadoramente después de fijarse en el gran letrero de en frente.
"Paintball".
-¿Algún problema? ¿Te sigue doliendo la cabeza?
— bromeé risueña.
Él sacó su lengua como un niño pequeño. Adoraba su forma infantil de enfrentarse al mundo.
Aunque no lo creáis, era una de las cosas que me encantan y a la vez, me llamaba la atención de Zayn Malik. Puede parecer fuerte ante todo. No digo que lo sea, tal vez, sólo lo veo como un niño pequeño que teme acabar sólo. Se enfrenta a sus miedos de una manera poco común que jamás una persona de 20 años, como él, haría. Y eso, era lo que le hacía diferente.
La manera que tenía de darle la cara a sus propios problemas era una de las cosas que le hacían ser Zayn Javadd Malik. Y no lo cambiaría por nada del mundo.
-La verdad que sí. —rascó su nuca perezoso y luego rió. —Pero no es eso. — pausó. — ¿Paintball?
-¿En serio temes al Paintball, Zayn Malik?
-En serio.
-Tal vez "en serio" sea nuestro siempre. — actué al igual que Augustus Watters como toda una cómica.
Otra de las cosas que amaba de mi novio.
-No. Tu y yo seremos nuestro propio para siempre.
No le importó lo más mínimo que hubiera gente caminando por la calle observándo la escena, tomó mi cintura de la única manera que conocía de él. Suave, no tanto como para si quiera rozarme, ni tan fuerte como para hacerme daño.
Como decía, sabía tomar las medidas correctas para pasar todo de lo cursi a lo perfecto. A lo que me enamoraba de él.
Recuerdo hace un año atrás, viendo películas cursis con mis mejores amigas. Si es que se pueden seguir llamando así; odiaba la manera en la que el chico se apegaba a ella de una forma insoportable. Sin parar de atosigarla con te quieros y miles de palabrerías que ni siquiera demostraba.
Sinceramente, no podía odiar más esas películas más de lo que las odiaba.
Recuerdo ver a mis amigas soltar amplios suspiros enamoradisos mientras a mí sólo me entraban arcadas.
Me imaginaba a Zayn, en ese momento tan sólo era mi ídolo; de esa misma manera. Actuando o diciendo aquellas mismas palabras.
Pero desde que lo conocí, supe en seguida, que aquellas chicas que protagonizaban las películas que tanto odiaba, protagonizan el mismo papel que el que yo hago ahora.
Amar no es cuestión de el apego que le tengas a esa persona en sí, tampoco de las palabras, ni la cantidad de te quieros que le dices al día; es la manera en que te lo demuestras.
Hay mil y una manera de demostrar lo que sientes por una persona.
Y aunque aquellos personajes lo expresaran de la forma en que lo hacían, ¿qué podía hacer yo? Era amor, en otras medidas.
Pero lo encontré a él, mi Augustus Watters en Bajo La Misma Estrella, mi Jack en el Titanic.
Mi Zayn Malik en la vida real.
No era como ellos, tan sólo hacían el mismo papel.
No me lo demostraba de la misma manera, tan sólo me daba las proporciones adecuadas en el momento indicado.
Él era más de lo que pedía, y menos de lo que puedo desear. Pero apareció, y no puedo estar más feliz por que el destino haya querido juntarnos.
***
-¿Entramos? — pregunté suavemente en su oído, ya que mi cabeza residía en su pecho, mientras su mano aún residía en mi cintura.
-¿No podemos quedarnos así para siempre? — me contestó con otra pregunta.
La verdad que no me importaría pasar el resto de mis días abrazada a su lado, sin preocupaciones.
Pero la realidad me lo impedía.
-Desafortunadamente, no podemos.
-¿Por qué? Nada lo impide. — se quejó sin querer soltarme. Alejé mi cuerpo cuidadosamente de él y le miré a sus ojos marrón oscuro que con la luz del sol, se tornaban más claros.
-Porque la realidad es cruel, y por más que quiera quedarme, la vida no es eterna. Nada es para siempre.
-Nosotros sí lo somos.
-Comprueba tu teoría. —dije. — Ningún cuerpo es para siempre, las almas viven eternamente.
-Deja tu opinión de sabionda para otro momento. — pidió sonriente.
-Pides cosas inútiles.
-Tan sólo te pido que no me hagas entrar y jugar a Paintball. —se arrodilló frente a mí, con las palmas de sus manos formando la misma posición que los cristianos al rezar.
-Zayn, levántate. — pedí avergonzada, y a la vez sonrojada al ver a la gente que pasaba a nuestro lado mirando hacia nosotros. —Zayn, te lo pido por favor.
-Déjame en el coche, entra y juega tú todo lo que quieras. Pero por favor, hoy no.
Se levantó como pudo y posó su mirada en mí.
-No seas quejíca, vamos a jugar los dos. ¿A qué le temes? Tan sólo son bolas de pintura.
Suspiró ampliamente, pensando seguramente lo cabezuda que era.
Y lo era. Pero, ¿qué podía hacer al respecto?
Era parte de mí, igual que él lo era.
Entramos en el salón donde un chico muy amable, nos atendió.
-Dos monos por favor.
-Si se le olvida el último no le cogeremos rencor. — aclaró Zayn guiñándole el ojo al pelirrojo frente a nosotros, quien salió despedido en busca de ambos monos.
-¡Zayn! — me quejé.
-¿Qué? Tan sólo le he dicho la verdad al chaval. — se excusó él mismo.
En menos de un minuto, nuestros monos estaban listos. Había pedido dos pistulas cargadas con 35 bolas de pintura. El color, no importaba.
Estaba dispuesta a machacar a Zayn en Paintball.
Cuando ambos estábamos vestidos, debíamos cruzar una pequeña puerta que indicaba que ya estábamos dentro del juego. Pero antes, decidí burlarme de cómo le quedaba a Zayn el mono.
Me fije en él quien se miraba en el espejo de arriba a abajo, no del todo convencido.
-¿En serio tengo que salir así vestido?
Reí tapándo mi boca para que no se notara.
No es que no le quedara bien. A Zayn le quedaba todo jodidamente bien. ¿La explicación? No tengo ni idea. Tan sólo me hacía risa que pensara que le quedara mal.
-En serio.
Sonreí al recordar que para él, ese "en serio" , era nuestro siempre.
-Me odias.
-No te odio. Tan sólo te estoy cobrando por aquella vez que me hiciste montar a caballo a conciencia. — le recordé.
-Eso fue tierno. Esto es un suicidio. — se quejó.
-No exageres. — reí fuertemente. Tenía la risa floja. Él sonrió de lado.
¿Era un Dios griego?
-Prometo no darte muy fuerte. — le susurré en el oído, teniendo que ponerme de puntillas para llegar a su altura.
Atrapó mi mano con delicadeza, y luego depositó un pequeño beso en mi mejilla.
Con la mano que teníamos libre, cogimos cada uno un casco y lo depositamos en nuestras cabezas. Y cuando estuvimos listos, soltamos nuestro agarre, nos miramos por última vez antes de estar cada uno en un bando diferente, y, comenzó el juego.
Estábamos como en un pequeño descampado. Habían pequeños bloques de hierro que antes formaban una casa, colocados perfectamente para esconderse del enemigo. Me escondí detrás de el primero que encontré, no estaba dispuesta a perder el tiempo buscando otro más adecuado y arriesgarme a que me dispararan.
Escuché varios disparos de pintura por todo el descampado. Reí ante la idea de que alguno de ellos fuera para Zayn y ya estuviera eliminado tan rápidamente. Pero entonces, tapé mi boca bruscamente, ya que recordé que no debían descubrir mi escondrijo.
Cuando hubieron pasado unos minutos y no escuché ningún ruido ni movimiento más, salí sigilosamente, pensando que Zayn contraatacaría en cuánto saldriera con una táctica de las suyas.
Pero no lo hizo.
Seguramente no habría jugado nunca. Jugaba con ventaja.
Di la vuelta a los bloques que habían tras mí, y encontré un cuerpo en el piso. Vigiliando que nadie me siguiera... ¡Qué diablos! ¡Qué mierda importaba el dichoso juego ahora mismo!
Me arrodillé ante el personaje anónimo que había frente a mí y ví que estaba inconsciente en el suelo.
Saque su casco, percatándome de que era Zayn.
Examiné repetidas veces su cuerpo de arriba a abajo buscando un disparo de pintura pero no había ni uno. No entendía el motivo.
-¡Zayn, despierta!¡Estáte conmigo, por favor! - grité.
Me sentia impotente al no saber qué hacer, estaba en shock sin saber cómo debía actuar.
-¡Socorro!¡Ayuda, por favor! - di un grito ahogado, lo más audible que pude, y afortunadamente, alguien consiguió prestarme atención.
El mismo chico pelirrojo de antes actuó con rápidez, cogió su teléfono y llamó al 112. En cuestión de segundos, alguien atendió a su llamada.
-Una ambulancia rápido, a la calle Saint Johnson, 71. Rápido, se lo ruego. — habló el pelirrojo atropellandose con las palabras.
-¡Ayúdame a levantarlo del suelo! — exclamé. Las lágrimas no me ayudaban para nada.
Quería poder mostrarme fuerte ante esto, quería poder verle despertar a mi lado una vez más y sonreírle. Quería seguir manteniendo mi imagen fuerte ante él.
Pero había actuado como completa idiota todo el día. Desde el momento en el que quise cambiar nuestros asientos, hasta el momento en el que le obligue a hacer algo que él realmente no quería.
O simplemente era una excusa por que se sentía capaz de hacerlo en este momento.
Recordé sus palabras:
"Déjame en el coche, entra y juega tú todo lo que quieras. Pero por favor, hoy no. "
Y fue entonces, cuando todo golpeó sobre mí como miles de rocas al mismo instante.
Tenía la culpa de todo.
Pero ahora no se trataba de mí, se trataba de la vida de Zayn.
***
La ambulancia llegó en menos de lo que esperaba y tan sólo rezaba para que no fuera algo grave y pudiera recuperarse. Era lo único que pedía en años.
Nunca rezaba para pedir cosas materiales, para ser como otra persona, si quiera para tener los mismos derechos ni tendencias que otra persona. Suena estúpido que la gente rece tan sólo para pedir ser igual a otra persona.
Como solía decirse, guardaba lo que de verdad merecía pedirse a Dios para momentos como este.
Tan sólo pedía que me pusiera a mí en esa misma camilla en la que se lo llevan, a mí. Que cambiaramos los papeles.
Porque haber muerto por él, sería un gran placer.
Que él sea el motivo de mi muerte, sería todo un privilegio.
***
Me habían pedido acompañar a Zayn en la ambulancia, y no dudé en hacerlo.
Lo hubiera hecho incluso sin invitación.
Cerraron la puerta de la ambulancia y practicamente pasó una milésima de segundo para que los enfermeros se pusieran manos a la obra. Debía ser algo grave ya que se miraban unos a otros preocupados, pero no querían decirme qué pasaba por más que gritara.
Tenía derecho de saber lo que pasaba, pero a ninguno parecía interesarles.
Llegamos al hospital y bajaron la camilla de Zayn más rápido de lo que imaginaba que pudiera hacerse, tenían prisa para que un médico pudiera atenderle de inmediato.
Lo subieron a planta, junto a mí en el ascensor y nada más llegar, lo llevaron por los pasillos fugazmente, sin siquiera darme explicaciones.
Cerraron las puertas de una de las salas que habían al final de el pasillo, y la golpeé fuertemente, intentando que me dejaran pasar, pero nadie me prestó la más mínima atención.
Quería entrar dentro, agarrarle la mano como hacía minutos atrás había echo, decirle que todo estará bien.
Me senté en el piso, abrazando mis rodillas y rompiendo a llorar una vez más.
***
-Señorita Malik. — un doctor había tenido la amabilidad de salir de la sala minutos después.
-Summers. — corregí. — Lo de Malik, dependerá de ustedes. — contesté cortante.
-Lo que sea. — acomodó sus gafas de pasta negra en su nariz y prosigió. Mi corazón latía demasiado rápido para lo que estaba acostumbrada. Podía sentirlo. A él. — El señor Malik, tuvo que ser atendido rápidamente en el quirófano, de lo contrario, sinceramente, no sé lo que hubiera pasado. Tengo una noticia buena y otra mala. ¿Es la única que está aquí?
-Sí. Dígame la mala. — siempre he pensado que prefería oír las noticias buenas al final, para recompensar. Era una tontería, pero era mi criterío.
-La mala es que el señor Malik, ha sufrido un derrame cerebral. Seguramente por un golpe bastante fuerte provocado hace poco tiempo.
Entonces recordé en un pequeño flash back lo que había ocurrido.
Antes de romper nuevamente a llorar, decidí escuchar la buena noticia.
-¿La buena? — un hilo de voz se asomó por mi garganta.
-Lo hemos podido atender a tiempo. — sonrió.
Un gran suspiró de alivio salió de mis labios.
-¿Puedo verle? — sonreí mientras lágrimas de felicidad salían de mis ojos esta vez.
-Tendrá que esperar un tiempo a que se recupere. Lo pasaremos a planta en este instante. Puede aprovechar para llamar a algún familiar.
Asentí levemente, esperando el momento en el que podría abalanzarme sobre Zayn.
***
{Paula y Justin}
El silencio abundó la habitación desde el momento en el que la última persona que despareció de ésta, cerró la puerta.
Ninguno de los dos se dignaba a hablar. Tan sólo permanecí en mi lado del sillón, y él en el sofá de en frente. Bajé mi cabeza sin saber qué decir ante esta situación.
Pero creo que más de una persona en mi situación no hubiera dicho absolutamente nada.
Así que dejé que el orgullo hablara por sí sólo.
-Voy a mi habitación. — me excusé levantándome de mi asiento.
-Tenías razón. —su voz resonó en todo el salón haciendo que pegara un pequeño brinco.
-¿Con qué? — pregunté cortante.
Era la primera conversación estable que teníamos desde hace 9 meses. Y al parecer la única.
-Eres la persona que falta en mi vida. — contestó acercándose a mi cabizbajo.
Juraba que algo en el estómago se me había estrujado por completo.
Tragué saliva y dudé entre contestarle o no hacerlo.
Di un paso al frente, acercandome a él. Lo observé por unos segundos, al igual que él hacía conmigo. Inspeccionandome de una manera apaciguada, sin miedo.
-¿Te has parado a pensar que no tengo la culpa de eso? — respondí con otra pregunta que seguramente le costaría contestar a su ego.
Él volvió a bajar su cabeza. Entendí que no quisiera contestar, así que volví a mi camino a la habitación. Pero volvió a intentar hablar nuevamente.
-Todo estaba tan bien. Desde el día en que te conocí, hasta el día en que cada uno tendría que marchar por su lado. —comenzó a hablar, pero tan sólo bajé la cabeza poco a poco, aún sin girarme. — Recuerdo perfectamente cada uno de los momentos que vivimos juntos. Y también recuerdo a la perfección los momentos que tuve que vivir lejos de tu lado.
Me dí la vuelta para observar su expresión mientras hablaba, quería asegurarme de que no mentía. Cuando lo hacía, formaba una pequeña aunque apenas notable sonrisa en los labios.
-El primer día que llegué a Canadá, mi mánager había organizado una gran gira, que duraría 6 meses, por toda latinoamerica, además de España y muchos países. Apenas tuve tiempo para centrarme en mí, la prensa se encargaba de que no tuviera vida personal, y si en algún momento conseguía tener un momento de privacidad, publicaban eso. La gira se basó en entrenamiento, coreografías, clases de canto, repasar las canciones una y otra vez, y de aeropuerto en aeropuerto. Después de esos 6 largos meses de duro trabajo, acabó la gira, y empezó la premiere de mi nueva película, y la firma de CDs. Me organizaron varias entrevistas. Y entonces, fue cuando pasó.
Bajó la cabeza y tragó saliva.
-Me adentré a el mundo de la droga. Sí, lo hice. Pero no sabes lo que me arrepiento de haberlo hecho. Cada cosa que hago perjudica más a los de mi alrededor, como si fuera una bomba que estalla a los pocos segundos. Comencé a beber, tan sólo por el hecho de recordar cada uno de los momentos que pasamos tu y yo. Recordar que ya nada sería lo mismo. Que después de todo, apostaba a que me habrías olvidado. Que serías feliz con otro hombre que pueda darte la mitad de lo que yo te amo. Porque lo único que siempre me ha importado, es tu felicidad.
Me miró a los ojos y se acercó.
-Si no quieres creerme, lo comprendo. Tampoco creería a un chico que se droga y viene de la nada a pedir perdón. Pero no vengo sólo a eso. Créeme cuando te digo que intenté llamarte más de una vez, pero ya nada era lo mismo. No tenía tiempo ni para pensar en mí mismo, y si lo hacía, me drogaba para olvidar. Las chicas no me ayudaron como pensaba que lo harían. Tan sólo quería sacarte de mi maldita cabeza, pero por alguna razón aparecías en cada momento de mi jodida vida. Como si nunca te hubieras ido, como si, siempre fueras a estar ahí. Soy una mierda de persona, y no te mereces que haya vuelto a joderte la vida más de lo que lo he hecho, pero la única razón por la que he venido, es tan sólo una. Que encuentres la felicidad. No me importa que sea conmigo, o sin mí. Con otro chico que te haga sonreír de la manera en que a mí me encantaba hacerlo. Haciendo pequeños oyuelos en tus mejillas y arrugando tu nariz de una forma adorable. Con otro chico que te recuerde cada día que nunca te dejará, y que al menos lo prometa. No como yo lo hice.
Estaba al borde de las lágrimas, pero las escondí rápidamente por miedo a que las viera.
-Si quieres échame de tu casa, grítame que soy un jodido estúpido por venir de nuevo al mismo sitio donde nos encontrámos. Échame a patadas como sé que te gustaría hacerlo. Dime que no quieres volver a verme jamás en tu vida. Que tu vida irá mejor sin mí. ¿Y sabes? Lo creeré. Aunque me duela. Lo admito, lo creeré. Porque yo sí di motivos para que tengas las malditas ganas de echarme. Me lo merezco. Soy una mierda de borracho asqueroso que sólo saber joder la vida a la gente y por eso, esas noches oscuras de soledad en las que sólo habían varias cervezas en mi mesa, comprendí que tú no hubieras dejado que esto pasara. Nunca. Tu sabes controlarme y hacerme feliz a la misma vez, sin problemas. Tú eres la única que puede cambiarme. Así que después de toda la mierda que te acabo de decir, tan sólo quiero saber lo que pasa por tu cabeza en estos momentos. Si no quieres, necesitaré al menos cinco litros de cerveza para olvidar que hice el ridículo por décima vez.
Finalizó.
Tan sólo levanté mi cabeza y al mismo tiempo que respiraba profundamente, cerré los ojos, intentando escuchar lo que el corazón me estaba diciendo.
¿Qué debo hacer, mierda de corazón? Siempre sabes lo que cojones debo hacer en el momento adecuado.
Aunque a veces no te escuche y me lleve por mí misma, esta vez decides tú. Te doy ese privilegio.
O tal vez, no.
¿Qué digo? ¡A la mierda el corazón!
Me acerqué a Justin fugazmente sin siquiera pensarlo; si piensas las cosas es cuando tienes miedo a hacerlas. Por eso no tomé más de un segundo para rodear su cuello con mis brazos y apoyar mi cabeza en su pecho.
Sentir su aroma después de tanto tiempo, sentir su piel chocar con la mía.
A él le costó reaccionar, hasta que apoyó sus brazos en mi cintura aprentandome a él. Seguramente esta sería la última reacción que esperaría de mí. Pensaría que le gritaría, que le echaría o algo parecido.
Pero, cuando se trataba de él, no podía hacer más que locuras. Con cualquier otra persona, no me hubiera importado echarle.
Pero, él era mi debilidad.
***
Juraría que había pasado al menos un minuto, y aún seguía con ganas de no soltarlo nunca. Pero sabía que debía hacerlo.
Me separé de él y lo miré por última vez antes de irme.
-Dicen que hay abrazos que valen más de mil palabras. — dijo. — Pero aún no entiendo lo que éste quiere decirme.
Me di la vuelta y le sonreí notablemente con mis ojos apagados.
-Si quieres descubrirlo, deberás quedarte.
Me dedicó una sonrisa auténtica, de esas que hacía mucho tiempo que no veía en él.
Subí las escaleras velozmente sin importarme que siguiera mirando, y entré a mi cuarto, dejándole solo en el salón.
Estúpida yo.
Podría haberlo perdido para siempre, podría nada ser lo mismo, lo sé mejor que nadie. Pero, cuando se trataba de él y yo, en esta guerra, en esta historia.
Todo era posible.
Y cuando decía de todo, incluía hasta la mayor de las guerras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario