jueves, 25 de septiembre de 2014

Capitulo 8: "El silencio dice más que las palabras"


 ***

{Paola y Greyson}

Si apagaramos todas las velas que nos rodeaban en este instante, y estuviéramos en completa oscuridad, la sonrisa de Greyson conseguiría alumbrar cada uno de los escondrijos de este bosque. 

-Es en serio.  — rió fuertemente, haciendo que yo también, por una extraña razón, lo hiciese.

-No puedo creer que esa canción la hayas escrito por mí. — casi no podía respirar. 

-Tan sólo me vino la inspiración. Estaba en mi cuarto, y cuando de repente, las letras comenzaron a formarse solas en mi mente, y tuve que empezar a escribirlas. — habló él atropellando sus palabras mientras reía. Adoraba que riera.

-Entonces sólo hay una cosa que no entiendo.

-¿Cuál?

-¿Por qué Thrilla In Manilla?

-No puedo responderte a esa pregunta.  — rió.

-¿Por qué?

-Porque ni yo mismo lo sé.

-Te aplaudiría, pero guardo mis aplausos para cuando los merescas. — él se acostó a mi lado, apoyando su cabeza al lado de la mía, sólo que la diferencia es que yo miraba a las estrellas, él me miraba a mí.

Después de unos minutos, sentí como se había callado completamente sin decir ni una sola palabra, entonces giré con cuidado mi cuello, y lo ví.

Se había quedado dormido.

Greyson aún tenía sus facetas de niño pequeño, pero eso me encantaba.

Se había quedado dormido a mí lado, con sus cachetes rosados por el frío que hacía en el bosque. Posó su mano derecha en mi vientre y me apegó a él como si fuera un peluche. Su peluche.

Y de la nada, comenzó a hablar en sueños, como todo un niño de 5 años.

-Paola. —me llamó.

-Dime.  — susurré para no despertarle.

Tardó en contestar.

-¿Algún día, será un ?

Sentí algo en mi estómago estrujarse por completo, dándome de cuenta de que posiblemente, le haya dolido mi respuesta, y haya estado pensando en esa pregunta toda la noche, intentando actuar normal.

La verdad, que esa pregunta se había pasado por mi cabeza la mayoría del tiempo.
A lo mejor algún día, sea él con quien despierte y con me acueste cada noche, sabiendo que al día siguiente, el seguirá allí, abrazándome de la misma manera que hacía ahora. Que todo cambiaría, más de lo que ya había hecho y en vez de tan sólo etiquetarlo como novio, pueda hacerlo como marido, y como padre de mis hijos.

Creedme, que esa idea era fascinantemente increíble. Pero, debía tomarme mi tiempo para saber las respuestas a cada una de las preguntas que los demás me hacían, y hasta las mías propias.

Mi amor por Greyson nunca moriría, así como lo inmortal. Quedaría siempre ahí. Tal vez como un sentimiento, o como algo más que un simple sentimiento. Más que unas típicas frases de amor cursis, más que el tiempo que separa y une al mismo tiempo.

Así éramos. No dejábamos que el tiempo interfiriese entre lo que llamábamos "nosotros". No dejábamos que el orgullo nos dejara no ser nosotros mismos. Hacíamos que después de todo, el esfuerzo contáse como manera para expresarse y el tiempo se transformara en una prueba de fidelidad que ninguno estaba dispuesto a fallar.

Cogí el coraje suficiente como para contestar algo que ni siquiera pensé, tan sólo, como se suele decir, actué.

-Algún día.

Apretó más su cuerpo contra el mío como todo un bebé, para cubrirse el rostro con mi hombro y seguir durmiendo.

Minutos después, recibí un mensaje.

"Siento interrumpir pero, necesito ayuda. Zayn está ingresado en la UCI. "

Mi corazón se paró al leer las últimas palabras del texto, e inmediatamente levanté a Greyson de su siesta. Él alarmado, se levantó velozmente.

-¿Qué pasa? — preguntó alterado.

-Hay que ir al hospital. Rápido.— me limité a contestar.

Empecé a correr y él hizo lo mismo después de haber apagado las velas fugazmente, para luego, subir al coche sin rechistar.

Colocamos nuestros cinturones, y en menos de un minuto, estábamos de camino al hospital.

-¡Acelera, Greyson!  — pedí con la adrenalina fluyendo por mis venas.

-No puedo ir más rápido, ¿quieres que tengamos un accidente?  — preguntó.

-Deja de hacer preguntas que no quiero contestar. — solté rápidamente.

-Si querías decirme que no, lo hubieras hecho. — respondió.

-No quería dec...

-No hace falta que digas nada. — dijo él. Dobló la esquina y noté como había aumentado su velocidad.

Comenzó a llover, cada vez más fuerte. Los nervios que sentía en aquel instante me hacían querer estallar. Salimos del coche después de haberlo aparcado lo más cerca que llegamos a alcanzar y después de que unas cuantas y numerosas gotas dispararan en nuestras cabezas dejandonos empapapados mientras corríamos, entramos a la UCI.

***

{Paula y Justin}

Estaba consiliando el sueño, cuando de repente, me llegó un pequeño mensaje que consiguió pararme el corazón por segundos.

Lo volví a leer una y otra vez sin poderlo creer.

Parecía como si el destino quisiera castigarme, y quitarme de mi lado a todas las personas que quería.

"Zayn está en la UCI. ¿Podrías venir si no es molestia?" 

Ese era el mensaje.

Me levanté lo más rápido que mi cuerpo me permitió para abrir la puerta de mi habitación, pero alguien se había adelantado. Y justo fue el momento en que nuestros cuerpos chocaron, sin permiso. Y sin siquiera ni uno de los dos retrocedió.

Fue el momento en el que sabía que esto estaba mal, en el que di unos pasos atrás, con la respiración agitada y aún cabizbaja.

-Zayn está en el hospital.— dije.

-Lo sé. — respondió. — Iba a preguntarte si quieres que te lleve.

Asentí nerviosamente, jugando con mis dedos, unos con otros. Tenía esa manía cuando me ponía nerviosa, era costumbre. Y él lo sabía.

Bajamos las escaleras, él primero, yo después. Recogió su chaqueta colgada en el perchero frente a la puerta principal, y me dirigí a abrirla, pero él lo hizo antes, dejándome pasar a mí primero.

Todo esto estaba siendo demasiado incómodo para mí.

Estupendo, se había puesto a llover. Corrimos hasta la parte trasera de la casa, casi a la misma altura, donde nuestras manos rozaron más de una vez, creando una conección que hacía mucho no sentía. La lluvia nos había dejado a ambos empapados, y justo en el momento en el que fui a abrir la puerta del coche, él se adelantó, aproximandose a ella y abriendola frente a mí. Le miré detenidamente, al igual que él lo hizo.

La lluvia seguía mojándonos a ambos, pero eso al parecer a ninguno nos importaba. Tan sólo nos limitábamos a examinarnos el rostro el uno al otro, viendo lo que habíamos cambiado. Todo lo que había cambiado en nosotros. Y hablaba por mí, cuando decía, que Justin para mí seguiría siendo el mismo chico que conquistó mi corazón.

Siempre.

Se aproximó a mí poco a poco, parecía una escena de una película de la que no me importaba ser protagonista junto a él. Se acercó poco a poco a mí, al mismo tiempo que yo me alejaba.

-Tenemos que ir al hospital. — dije cabizbaja. Él asintió avergonzado y ambos entramos al coche.

Condució lo más rápido que pudo sin darle miedo la velocidad. El hospital estaba a unos quince minutos de aquí, pero él hizo que el trayecto durara mucho menos, saltandose los semáforos como si estuviera cabreado consigo mismo por algo.

Como si quisiera desaperecer del mundo en el intento.

Y me llevaría a mí con él. Y podría vivir con ello.

Llegamos al hospital y sin importarnos un carajo la lluvia sobre nosotros, corrimos dentro de la UCI.
Tan sólo pedía una y otra vez en mi interior que todo estuviera bien.

 ***

{Raquel y Zayn}

Estaba esperando en la sala de espera a que me dieran permiso para entrar a ver a Zayn, o al menos alguna que otra noticia que asegurara que estaba bien o estable. Pero por más que pasaran las horas, no recibía ninguna señal.

Así que esperé a que un enfermero o un médico saliera de alguna habitación para preguntarle.

Así que aproveché a el viejo que aparentaba unos sesenta años, que estaba pasando frente a mí con bata blanca.

-Disculpe. — quise llamar su atención.

-¿Si? —respondió con poca gana. Comprendía que estuviera cansado, pero al menos, yo he mostrado educación.

-¿Sabría algo del paciente que acaban de ingresar? Zayn Malik. — cuestioné con esperanzas.

Tomó en sus manos, la pequeña carpeta que sujetaba en sus axilas y pasó unas cuántas hojas ojeándolas con sus gafas medio caídas, y cuando se paró en una, suspiró pesadamente, echándome un vistazo.

Tardó en contestar, así que me esperé lo peor.

Las lágrimas ya eran inevitables.

-Dios mío.

-Lo siento mucho, señorita.

Conseguí llegar hasta la silla más próxima a mí y sentarme en ella cubriendo mi rostro con mis manos sin parar de sollozar fuertemente intentando recuperar el aire pero me era imposible.

No podía ser verdad. Esto no podía estar pasando. Si alguien debía morir, debía ser yo.

Yo debería de haber chocado mi cabeza contra la puerta, fuertemente, y morirme de un ataque cerebral en vez de él. Él no se merecía esto.

Él se merece más días de los que me gustaría contar.

Ojalá estuviera aquí, presente, frente a mí, para decirme: "Esto no es un adiós". 

Pero me temo que este sí lo es, Zayn.

Siempre le digo a la gente cercana a mí que no me prometa cosas que nunca llegará a cumplir. A Zayn nunca se lo dije.

¿Por qué? Porque confiaba en él, más que en mí.

Y sabía que lo cumpliría.

Siempre lo hace.

-¿Señorita? ¿Por qué está llorando? — un chico de bata blanca, de unos veinte años, moreno de ojos verdes, se había acercado a mí.

-Mi novio... — empecé a sollozar más fuerte.

-¿Cuál es el nombre de su novio? — preguntó curioso.

-Zayn. — fue lo único que pude llegar a contestar.

-¿Zayn Malik?  — asentí leventemente. — Está preguntando por usted en la habitación, dice que quiere verla.

-¿Habla en serio?

-Muy en serio. Está en la ... — desde que señaló la puerta, lo interrumpí para irme corriendo como un alcón hasta la habitación donde él estaba.

Abrí la puerta y sin esperarmelo, allí estaba. Mi luchador. El que una vez conocí y que aún sigue en pie.

Me sonreía inmóvil en la camilla, con una enorme venda rodeando su cabeza.

Lágrimas salieron de mis ojos y sin pensarlo, me abalancé a sus brazos y lo abracé fuertemente. Siempre me sentía segura a su lado. Me trasmitía esa seguridad que nadie hacía.

-Esto no es un adiós. — se rió como su garganta le permitió. Aún estaba débil. Estaría unos días en observación.

-Siempre cumples lo que prometes. — sonreí.

-Ya me conoces, no te librarás de mí fácilmente. — volvió a reír, dejando que me fijara en sus oyuelos y como aproximaba a lengua a sus dientes.

-Me alegro de ello.

Sonrió de lado, como pudo. Y aún así me pareció tierno.

-Siento haberte dado ese susto. — se disculpó.

-Todo fue mi culpa. Debería disculparme yo. — dije avergonzada.

-Fui yo quien te pidió salir, Raquel. La culpa es mía. — insistió.

-Si no lo hubieras hecho tú, lo hubiera hecho yo. Y entonces, el 100 por ciento de la culpa ya sería mía.

-Pero no lo es, Raquel. No te eches la culpa de este pequeño susto.

-Te hubiera perdido por mi propia culpa.

-¿Te han dicho alguna vez lo cabezuda que eres?  —preguntó sonriente.

-Me parece haberlo escuchado de alguien. — me hice la inocente refiriendome a él.

-Tiene mucha razón ese alguien.

-Siempre la tiene.

Me dedicó la más hermosa de las sonrisas, de esas que nunca me cansaría de observar en toda mi existencia.

Agradecía a Dios que hubiera escuchado mis oraciones, que haya hecho más de lo que merecía.

Que lo trajera de vuelta.

Es decir, nunca lo había perdido del todo, siempre quedaría en mí los recuerdos. Nunca conseguiría perder a Zayn del todo en mi vida. ¿Que por qué? Porque él se había convertido en parte de ella.

 -Merezco ir al infierno por esto. —hablé cambiando de tema.

Él negó rotundamente.

-Mereces ir al cielo, cuando te toque la hora. Porque tú me salvaste. —enarqué una ceja, y él prosigió. — Desde que quedé inconsciente hasta antes de despertar estuviste en mis pensamientos, rondando en ellos, siendo protagonista de ellos. Como si estuvieramos conectados. Me decías que todo saldría bien, me cogías de la mano, fuertemente. Era como un tacto, real. Podía sentirlo. Y por una vez, ví la luz. La ví, Raquel. Estaba frente a mí, invitándome a irme de una vez por todas, mientras que me gritabas que fuera fuerte. No podía hacer otra cosa que caminar hacia adelante, pero tú no me soltabas la mano. Y justo en el momento en el que crucé la vida y la muerte, tu agarre consiguió salvarme.

Fui a hablar pero me lo impidió. Sin darme cuenta tenía mi mano en su camilla y antes de que fuera a quitarla para no estorbarle, la atrapó en el aire y la colocó en su abdomen.

-Puede que no me creas, pero me has salvado la vida más de una vez.

Me levanté del sillón para contemplar su rostro desde un plano mejor. Acaricié su mejilla suavemente, sin querer que sintiera dolor por ello. Sentí hacerle cosquillas, ya que movió su cuello.

-Descansa.

Cerró los ojos, como si hubiera recitado un pequeño conjuro y respiró hondo. Estaba feliz por que hubiera vuelto, porque siguiera siendo quien era. Por no perder las costumbres, por no perder las manías. Por seguir siendo el chico del que me enamoré. Estaba feliz de que cumpliera sus promesas y que haya seguido conmigo.

A Zayn podría catalogarlo de muchas e infinidades de etiquetas que lo definirían a la perfección.

Pero por encima de todo, siempre hay algo que me ha llamado la atención. Hay algo que destaca en él, que sólo conocerás con el paso del tiempo. No puedes saberlo a través de las cámaras, y menos en cuestión de segundos. Es algo que sólo conocerás si él te lo permite.

Zayn es valiente.

Y me encantaba correr el riesgo y rozar la muerte con el chico que robó mi corazón.

***

Tocaron la puerta repetidas veces y a los pocos segundos, la abrieron, dejándo aparecer a Paola y Greyson completamente mojados por el agua.

Respiraron agitados como si viniera un tsunami tras ellos y no pudieran haber parado de correr.

-Sh. — les mandé a silenciarse. —Está durmiendo.

Paola y Greyson asintieron levemente y pusieron su atención en el chico de la camilla.

-¿Está bien? ¿Tan sólo ha sido un susto?

-Ha tenido un derrame cerebral gracias a un golpe que tuvo. Lo han podido coger a tiempo.  — sonreí orgullosa.

-Zayn es valiente, sabía que podía salir de esta. — habló Paola.

Se sentaron en las sillas que estaban al lado mío, cada uno ocupaba una.

-Es justo lo que yo pensaba. — sonreí mirando su rostro cansado y pálido por la operación.

Pero seámos sinceros, pálido, con vendas rodeando su cabeza, durmiendo... ¿Qué más da? Seguía siendo el mismo chico del que me enamoré.

Minutos después, volvieron a tocar la puerta, dejándo entrar a Paula y Justin. Les sonreí mientras ellos pasaban cautelosamente a la habitación.

Paula sonrió al ver a Zayn sano en la camilla y Justin tan sólo arrugó la frente dudoso.

-¿Está bien, verdad? Dime que se va a poner bien.  — pidió.

-Si, tan sólo está descansando. — intenté reír no muy fuerte para que no despertara.

-Este chico no para de sorprenderme. — habló Paola sonriente negando con la cabeza.

A puesto a que todos los de la sala, estaban orgullosos de lo fuerte que había sido de su parte combatir con un derrame cerebral.

Pero, yo en el interior, por muy asustada que estuviera, no dudé ni un momento que él podría combatir con esto y más.

Porque Zayn a mí, no dejaría de sorprenderme. De alegrarme la vida con una simple sonrisa. De cumplir sus promesas aunque éstas cuesten la vida.

Y por más que me cueste admitirlo, nunca le he temido a nada en esta vida.

Tan sólo a una cosa; perderlo para siempre.

***






domingo, 21 de septiembre de 2014

Capítulo 7: "Calla y escucha"


{Raquel y Zayn}

Y este era el momento.

Buscaba los segundos apropiados para hacer un cambio de asientos asombroso y sin fallos. Cualquier fallo que cometiera podría llevarnos a la muerte. 

Y yo no quería sentirme culpable de ello en el infierno. 

Zayn estaba completamente listo, y yo aún esperaba tener una idea afortunada de por donde moverme para no mover el volante y provocar un accidente. 
Entonces, cuando estuve aparentemente lista. O eso pensaba realmente, miré a Zayn quien tenía cara de preocupació. Asentí, dándole a entender que ya pondríamos el plan en marcha. 
Por alguna extraña y estúpida razón, cerré los ojos en el mismo momento en el que nuestros cuerpos ya estaban teniendo contacto. Nuestros pies se tropezaron, por lo que caí de golpe en el asiento del piloto y él chocó su cabeza con la puerta del copiloto fuertemente.
Me asusté. Coloqué mis manos en mi cabeza desesperada y pegué un grito. 
Después de recordar que nadie seguía sin conducir así que puse una mano en el volante asegurandome de que había vía libre en la autopista y miré a Zayn, palpando su cadera repetidamente, buscando alguna respuesta por parte de él. Pero tan sólo conseguía más de lo mismo nada. 
Todo era por mi maldita culpa. 
-¡Zayn, por favor, dime algo! — grité impotente. No podía hacer nada.

Si quitaba las manos del volante, moriríamos los dos. Y si no lo hacía, probablemente moriría él.

La verdad, no podría seguir viviendo una vida sin él. Así que me daba igual si moría hoy, o si moría en unos años, pero no soportaría seguir sin él.

-¡Zayn, dime cualquier cosa pero háblame! — seguí gritando.

Su cuerpo estaba inmóvil en el asiento. Hasta que segundos después de haberlo cacheteado suavemente en la mejilla, y sacudido, comenzó a reírse aún con los ojos cerrados, que abrió segundos después.

-Qué dolor de cabeza.

-¡Idiota! — grité. —¿Estabas actuando?

-Quería gastarte una pequeña broma. Ahora te lo pensarás dos veces antes de hacerme cambiar de asiento. — rió nuevamente.

Ese chico era mi doble.

-Créeme. Nunca más.

***

Habíamos llegado al lugar donde creía que nunca llegaríamos. Pero el destino, al parecer, quiso que lo hicieramos.

Ví a Zayn mirarme amenazadoramente después de fijarse en el gran letrero de en frente.

"Paintball".

-¿Algún problema? ¿Te sigue doliendo la cabeza? 
— bromeé risueña.

Él sacó su lengua como un niño pequeño. Adoraba su forma infantil de enfrentarse al mundo.

Aunque no lo creáis, era una de las cosas que me encantan y a la vez, me llamaba la atención de Zayn Malik. Puede parecer fuerte ante todo. No digo que lo sea, tal vez, sólo lo veo como un niño pequeño que teme acabar sólo. Se enfrenta a sus miedos de una manera poco común que jamás una persona de 20 años, como él, haría. Y eso, era lo que le hacía diferente.
La manera que tenía de darle la cara a sus propios problemas era una de las cosas que le hacían ser Zayn Javadd Malik. Y no lo cambiaría por nada del mundo.

-La verdad que sí. —rascó su nuca perezoso y luego rió. —Pero no es eso. — pausó. — ¿Paintball?

-¿En serio temes al Paintball, Zayn Malik?

-En serio.

-Tal vez "en serio" sea nuestro siempre. — actué al igual que Augustus Watters como toda una cómica.

Otra de las cosas que amaba de mi novio.

-No. Tu y yo seremos nuestro propio para siempre.

No le importó lo más mínimo que hubiera gente caminando por la calle observándo la escena, tomó mi cintura de la única manera que conocía de él. Suave, no tanto como para si quiera rozarme, ni tan fuerte como para hacerme daño.

Como decía, sabía tomar las medidas correctas para pasar todo de lo cursi a lo perfecto. A lo que me enamoraba de él.

Recuerdo hace un año atrás, viendo películas cursis con mis mejores amigas. Si es que se pueden seguir llamando así; odiaba la manera en la que el chico se apegaba a ella de una forma insoportable. Sin parar de atosigarla con te quieros y miles de palabrerías que ni siquiera demostraba.

Sinceramente, no podía odiar más esas películas más de lo que las odiaba.

Recuerdo ver a mis amigas soltar amplios suspiros enamoradisos mientras a mí sólo me entraban arcadas.

Me imaginaba a Zayn, en ese momento tan sólo era mi ídolo; de esa misma manera. Actuando o diciendo aquellas mismas palabras.

Pero desde que lo conocí, supe en seguida, que aquellas chicas que protagonizaban las películas que tanto odiaba, protagonizan el mismo papel que el que yo hago ahora.

Amar no es cuestión de el apego que le tengas a esa persona en sí, tampoco de las palabras, ni la cantidad de te quieros que le dices al día; es la manera en que te lo demuestras.

Hay mil y una manera de demostrar lo que sientes por una persona.

Y aunque aquellos personajes lo expresaran de la forma en que lo hacían, ¿qué podía hacer yo? Era amor, en otras medidas.

Pero lo encontré a él, mi Augustus Watters en Bajo La Misma Estrella, mi Jack en el Titanic.

Mi Zayn Malik en la vida real.

No era como ellos, tan sólo hacían el mismo papel.

No me lo demostraba de la misma manera, tan sólo me daba las proporciones adecuadas en el momento indicado.

Él era más de lo que pedía, y menos de lo que puedo desear. Pero apareció, y no puedo estar más feliz por que el destino haya querido juntarnos.

***

-¿Entramos? — pregunté suavemente en su oído, ya que mi cabeza residía en su pecho, mientras su mano aún residía en mi cintura.

-¿No podemos quedarnos así para siempre? — me contestó con otra pregunta.

La verdad que no me importaría pasar el resto de mis días abrazada a su lado, sin preocupaciones.

Pero la realidad me lo impedía.

-Desafortunadamente, no podemos.

-¿Por qué? Nada lo impide. — se quejó sin querer soltarme. Alejé mi cuerpo cuidadosamente de él y le miré a sus ojos marrón oscuro que con la luz del sol, se tornaban más claros.

-Porque la realidad es cruel, y por más que quiera quedarme, la vida no es eterna. Nada es para siempre.

-Nosotros sí lo somos.

-Comprueba tu teoría. —dije. — Ningún cuerpo es para siempre, las almas viven eternamente.

-Deja tu opinión de sabionda para otro momento. — pidió sonriente.

-Pides cosas inútiles.

-Tan sólo te pido que no me hagas entrar y jugar a Paintball. —se arrodilló frente a mí, con las palmas de sus manos formando la misma posición que los cristianos al rezar.

-Zayn, levántate. — pedí avergonzada, y a la vez sonrojada al ver a la gente que pasaba a nuestro lado mirando hacia nosotros.  —Zayn, te lo pido por favor.

-Déjame en el coche, entra y juega tú todo lo que quieras. Pero por favor, hoy no.

Se levantó como pudo y posó su mirada en mí.

-No seas quejíca, vamos a jugar los dos. ¿A qué le temes? Tan sólo son bolas de pintura.

Suspiró ampliamente, pensando seguramente lo cabezuda que era.

Y lo era. Pero, ¿qué podía hacer al respecto?

Era parte de mí, igual que él lo era.

Entramos en el salón donde un chico muy amable, nos atendió.

-Dos monos por favor.

-Si se le olvida el último no le cogeremos rencor. — aclaró Zayn guiñándole el ojo al pelirrojo frente a nosotros, quien salió despedido en busca de ambos monos.

-¡Zayn! — me quejé.

-¿Qué? Tan sólo le he dicho la verdad al chaval. — se excusó él mismo.

En menos de un minuto, nuestros monos estaban listos. Había pedido dos pistulas cargadas con 35 bolas de pintura. El color, no importaba.

Estaba dispuesta a machacar a Zayn en Paintball.

Cuando ambos estábamos vestidos, debíamos cruzar una pequeña puerta que indicaba que ya estábamos dentro del juego. Pero antes, decidí burlarme de cómo le quedaba a Zayn el mono.

Me fije en él quien se miraba en el espejo de arriba a abajo, no del todo convencido.

-¿En serio tengo que salir así vestido?

Reí tapándo mi boca para que no se notara.

No es que no le quedara bien. A Zayn le quedaba todo jodidamente bien. ¿La explicación? No tengo ni idea. Tan sólo me hacía risa que pensara que le quedara mal.

-En serio.

Sonreí al recordar que para él, ese "en serio" , era nuestro siempre.

-Me odias.

-No te odio. Tan sólo te estoy cobrando por aquella vez que me hiciste montar a caballo a conciencia. — le recordé.

-Eso fue tierno. Esto es un suicidio. — se quejó.

-No exageres. — reí fuertemente. Tenía la risa floja. Él sonrió de lado.

¿Era un Dios griego?

-Prometo no darte muy fuerte. — le susurré en el oído, teniendo que ponerme de puntillas para llegar a su altura.

Atrapó mi mano con delicadeza, y luego depositó un pequeño beso en mi mejilla.

Con la mano que teníamos libre, cogimos cada uno un casco y lo depositamos en nuestras cabezas. Y cuando estuvimos listos, soltamos nuestro agarre, nos miramos por última vez antes de estar cada uno en un bando diferente, y, comenzó el juego.

Estábamos como en un pequeño descampado. Habían pequeños bloques de hierro que antes formaban una casa, colocados perfectamente para esconderse del enemigo. Me escondí detrás de el primero que encontré, no estaba dispuesta a perder el tiempo buscando otro más adecuado y arriesgarme a que me dispararan.

Escuché varios disparos de pintura por todo el descampado. Reí ante la idea de que alguno de ellos fuera para Zayn y ya estuviera eliminado tan rápidamente. Pero entonces, tapé mi boca bruscamente, ya que recordé que no debían descubrir mi escondrijo.

Cuando hubieron pasado unos minutos y no escuché ningún ruido ni movimiento más, salí sigilosamente, pensando que Zayn contraatacaría en cuánto saldriera con una táctica de las suyas.

Pero no lo hizo.

Seguramente no habría jugado nunca. Jugaba con ventaja.

Di la vuelta a los bloques que habían tras mí, y encontré un cuerpo en el piso. Vigiliando que nadie me siguiera... ¡Qué diablos! ¡Qué mierda importaba el dichoso juego ahora mismo!

Me arrodillé ante el personaje anónimo que había frente a mí y ví que estaba inconsciente en el suelo.

Saque su casco, percatándome de que era Zayn.

Examiné repetidas veces su cuerpo de arriba a abajo buscando un disparo de pintura pero no había ni uno. No entendía el motivo.

-¡Zayn, despierta!¡Estáte conmigo, por favor! - grité.

Me sentia impotente al no saber qué hacer, estaba en shock sin saber cómo debía actuar.

-¡Socorro!¡Ayuda, por favor! - di un grito ahogado, lo más audible que pude, y afortunadamente, alguien consiguió prestarme atención.

El mismo chico pelirrojo de antes actuó con rápidez, cogió su teléfono y llamó al 112. En cuestión de segundos, alguien atendió a su llamada.

-Una ambulancia rápido, a la calle Saint Johnson, 71. Rápido, se lo ruego. — habló el pelirrojo atropellandose con las palabras.

-¡Ayúdame a levantarlo del suelo! — exclamé. Las lágrimas no me ayudaban para nada.

Quería poder mostrarme fuerte ante esto, quería poder verle despertar a mi lado una vez más y sonreírle. Quería seguir manteniendo mi imagen fuerte ante él.

Pero había actuado como completa idiota todo el día. Desde el momento en el que quise cambiar nuestros asientos, hasta el momento en el que le obligue a hacer algo que él realmente no quería.

O simplemente era una excusa por que se sentía capaz de hacerlo en este momento.

Recordé sus palabras:

"Déjame en el coche, entra y juega tú todo lo que quieras. Pero por favor, hoy no. "

Y fue entonces, cuando todo golpeó sobre mí como miles de rocas al mismo instante.

Tenía la culpa de todo.

Pero ahora no se trataba de mí, se trataba de la vida de Zayn.

***

La ambulancia llegó en menos de lo que esperaba y tan sólo rezaba para que no fuera algo grave y pudiera recuperarse. Era lo único que pedía en años.

Nunca rezaba para pedir cosas materiales, para ser como otra persona, si quiera para tener los mismos derechos ni tendencias que otra persona. Suena estúpido que la gente rece tan sólo para pedir ser igual a otra persona.

Como solía decirse, guardaba lo que de verdad merecía pedirse a Dios para momentos como este.

Tan sólo pedía que me pusiera a mí en esa misma camilla en la que se lo llevan, a mí. Que cambiaramos los papeles.

Porque haber muerto por él, sería un gran placer.

Que él sea el motivo de mi muerte, sería todo un privilegio.

***

Me habían pedido acompañar a Zayn en la ambulancia, y no dudé en hacerlo.

Lo hubiera hecho incluso sin invitación.

Cerraron la puerta de la ambulancia y practicamente pasó una milésima de segundo para que los enfermeros se pusieran manos a la obra. Debía ser algo grave ya que se miraban unos a otros preocupados, pero no querían decirme qué pasaba por más que gritara.

Tenía derecho de saber lo que pasaba, pero a ninguno parecía interesarles.

Llegamos al hospital y bajaron la camilla de Zayn más rápido de lo que imaginaba que pudiera hacerse, tenían prisa para que un médico pudiera atenderle de inmediato.

Lo subieron a planta, junto a mí en el ascensor y nada más llegar, lo llevaron por los pasillos fugazmente, sin siquiera darme explicaciones.

Cerraron las puertas de una de las salas que habían al final de el pasillo, y la golpeé fuertemente, intentando que me dejaran pasar, pero nadie me prestó la más mínima atención.

Quería entrar dentro, agarrarle la mano como hacía minutos atrás había echo, decirle que todo estará bien.

Me senté en el piso, abrazando mis rodillas y rompiendo a llorar una vez más.

***

-Señorita Malik. — un doctor había tenido la amabilidad de salir de la sala minutos después.

-Summers.  — corregí. — Lo de Malik, dependerá de ustedes. — contesté cortante.

-Lo que sea. — acomodó sus gafas de pasta negra en su nariz y prosigió. Mi corazón latía demasiado rápido para lo que estaba acostumbrada. Podía sentirlo. A él. — El señor Malik, tuvo que ser atendido rápidamente en el quirófano, de lo contrario, sinceramente, no sé lo que hubiera pasado. Tengo una noticia buena y otra mala. ¿Es la única que está aquí?

-Sí. Dígame la mala. — siempre he pensado que prefería oír las noticias buenas al  final, para recompensar. Era una tontería, pero era mi criterío.

-La mala es que el señor Malik, ha sufrido un derrame cerebral. Seguramente por un golpe bastante fuerte provocado hace poco tiempo.

Entonces recordé en un pequeño flash back lo que había ocurrido.

Antes de romper nuevamente a llorar, decidí escuchar la buena noticia.

-¿La buena? — un hilo de voz se asomó por mi garganta.

-Lo hemos podido atender a tiempo. — sonrió.

Un gran suspiró de alivio salió de mis labios.

-¿Puedo verle? — sonreí mientras lágrimas de felicidad salían de mis ojos esta vez.

-Tendrá que esperar un tiempo a que se recupere. Lo pasaremos a planta en este instante. Puede aprovechar para llamar a algún familiar.

Asentí levemente, esperando el momento en el que podría abalanzarme sobre Zayn.

***

{Paula y Justin}

El silencio abundó la habitación desde el momento en el que la última persona que despareció de ésta, cerró la puerta.

Ninguno de los dos se dignaba a hablar. Tan sólo permanecí en mi lado del sillón, y él en el sofá de en frente. Bajé mi cabeza sin saber qué decir ante esta situación.

Pero creo que más de una persona en mi situación no hubiera dicho absolutamente nada.

Así que dejé que el orgullo hablara por sí sólo.

-Voy a mi habitación.  — me excusé levantándome de mi asiento.

-Tenías razón. —su voz resonó en todo el salón haciendo que pegara un pequeño brinco.

-¿Con qué? — pregunté cortante.

Era la primera conversación estable que teníamos desde hace 9 meses. Y al parecer la única.

-Eres la persona que falta en mi vida. — contestó acercándose a mi cabizbajo.

Juraba que algo en el estómago se me había estrujado por completo.

Tragué saliva y dudé entre contestarle o no hacerlo.

Di un paso al frente, acercandome a él. Lo observé por unos segundos, al igual que él hacía conmigo. Inspeccionandome de una manera apaciguada, sin miedo.

-¿Te has parado a pensar que no tengo la culpa de eso? — respondí con otra pregunta que seguramente le costaría contestar a su ego.

Él volvió a bajar su cabeza. Entendí que no quisiera contestar, así que volví a mi camino a la habitación. Pero volvió a intentar hablar nuevamente.

-Todo estaba tan bien. Desde el día en que te conocí, hasta el día en que cada uno tendría que marchar por su lado. —comenzó a hablar, pero tan sólo bajé la cabeza poco a poco, aún sin girarme. — Recuerdo perfectamente cada uno de los momentos que vivimos juntos. Y también recuerdo a la perfección los momentos que tuve que vivir lejos de tu lado.

Me dí la vuelta para observar su expresión mientras hablaba, quería asegurarme de que no mentía. Cuando lo hacía, formaba una pequeña aunque apenas notable sonrisa en los labios.

-El primer día que llegué a Canadá, mi mánager había organizado una gran gira, que duraría 6 meses, por toda latinoamerica, además de España y muchos países. Apenas tuve tiempo para centrarme en mí, la prensa se encargaba de que no tuviera vida personal, y si en algún momento conseguía tener un momento de privacidad, publicaban eso. La gira se basó en entrenamiento, coreografías, clases de canto, repasar las canciones una y otra vez, y de aeropuerto en aeropuerto. Después de esos 6 largos meses de duro trabajo, acabó la gira, y empezó la premiere de mi nueva película, y la firma de CDs. Me organizaron varias entrevistas. Y entonces, fue cuando pasó.

Bajó la cabeza y tragó saliva.

-Me adentré a el mundo de la droga. Sí, lo hice. Pero no sabes lo que me arrepiento de haberlo hecho. Cada cosa que hago perjudica más a los de mi alrededor, como si fuera una bomba que estalla a los pocos segundos. Comencé a beber, tan sólo por el hecho de recordar cada uno de los momentos que pasamos tu y yo. Recordar que ya nada sería lo mismo. Que después de todo, apostaba a que me habrías olvidado. Que serías feliz con otro hombre que pueda darte la mitad de lo que yo te amo. Porque lo único que siempre me ha importado, es tu felicidad.

Me miró a los ojos y se acercó.

-Si no quieres creerme, lo comprendo. Tampoco creería a un chico que se droga y viene de la nada a pedir perdón. Pero no vengo sólo a eso. Créeme cuando te digo que intenté llamarte más de una vez, pero ya nada era lo mismo. No tenía tiempo ni para pensar en mí mismo, y si lo hacía, me drogaba para olvidar. Las chicas no me ayudaron como pensaba que lo harían. Tan sólo quería sacarte de mi maldita cabeza, pero por alguna razón aparecías en cada momento de mi jodida vida. Como si nunca te hubieras ido, como si, siempre fueras a estar ahí. Soy una mierda de persona, y no te mereces que haya vuelto a joderte la vida más de lo que lo he hecho, pero la única razón por la que he venido, es tan sólo una. Que encuentres la felicidad. No me importa que sea conmigo, o sin mí. Con otro chico que te haga sonreír de la manera en que a mí me encantaba hacerlo. Haciendo pequeños oyuelos en tus mejillas y arrugando tu nariz de una forma adorable. Con otro chico que te recuerde cada día que nunca te dejará, y que al menos lo prometa. No como yo lo hice.

Estaba al borde de las lágrimas, pero las escondí rápidamente por miedo a que las viera. 

-Si quieres échame de tu casa, grítame que soy un jodido estúpido por venir de nuevo al mismo sitio donde nos encontrámos. Échame a patadas como sé que te gustaría hacerlo. Dime que no quieres volver a verme jamás en tu vida. Que tu vida irá mejor sin mí. ¿Y sabes? Lo creeré. Aunque me duela. Lo admito, lo creeré. Porque yo sí di motivos para que tengas las malditas ganas de echarme. Me lo merezco. Soy una mierda de borracho asqueroso que sólo saber joder la vida a  la gente y por eso, esas noches oscuras de soledad en las que sólo habían varias cervezas en mi mesa, comprendí que tú no hubieras dejado que esto pasara. Nunca. Tu sabes controlarme y hacerme feliz a la misma vez, sin problemas. Tú eres la única que puede cambiarme. Así que después de toda la mierda que te acabo de decir, tan sólo quiero saber lo que pasa por tu cabeza en estos momentos. Si no quieres, necesitaré al menos cinco litros de cerveza para olvidar que hice el ridículo por décima vez.

Finalizó.

Tan sólo levanté mi cabeza y al mismo tiempo que respiraba profundamente, cerré los ojos, intentando escuchar lo que el corazón me estaba diciendo.

¿Qué debo hacer, mierda de corazón? Siempre sabes lo que cojones debo hacer en el momento adecuado.

Aunque a veces no te escuche y me lleve por mí misma, esta vez decides tú. Te doy ese privilegio.

O tal vez, no.

¿Qué digo? ¡A la mierda el corazón!

Me acerqué a Justin fugazmente sin siquiera pensarlo; si piensas las cosas es cuando tienes miedo a hacerlas. Por eso no tomé más de un segundo para rodear su cuello con mis brazos y apoyar mi cabeza en su pecho.

Sentir su aroma después de tanto tiempo, sentir su piel chocar con la mía.

A él le costó reaccionar, hasta que apoyó sus brazos en mi cintura aprentandome a él. Seguramente esta sería la última reacción que esperaría de mí. Pensaría que le gritaría, que le echaría o algo parecido.

Pero, cuando se trataba de él, no podía hacer más que locuras. Con cualquier otra persona, no me hubiera importado echarle.

Pero, él era mi debilidad.

***

Juraría que había pasado al menos un minuto, y aún seguía con ganas de no soltarlo nunca. Pero sabía que debía hacerlo.

Me separé de él y lo miré por última vez antes de irme.

-Dicen que hay abrazos que valen más de mil palabras. — dijo. — Pero aún no entiendo lo que éste quiere decirme.

Me di la vuelta y le sonreí notablemente con mis ojos apagados.

-Si quieres descubrirlo, deberás quedarte.

Me dedicó una sonrisa auténtica, de esas que hacía mucho tiempo que no veía en él.

Subí las escaleras velozmente sin importarme que siguiera mirando, y entré a mi cuarto, dejándole solo en el salón.

Estúpida yo.

Podría haberlo perdido para siempre, podría nada ser lo mismo, lo sé mejor que nadie. Pero, cuando se trataba de él y yo, en esta guerra, en esta historia.

Todo era posible.

Y cuando decía de todo, incluía hasta la mayor de las guerras.



sábado, 20 de septiembre de 2014

Capítulo 6: "El corazón da las mejores respuestas".


Mientras con Raquel y Zayn ... 

Había oscurecido a nuestras espaldas, mientras lo único que pasaba era el tiempo y las ruedas de aquel coche por la carretera. No me había dado la suficiente curiosidad de preguntarle a Zayn dónde nos dirigíamos; confiaba en él, por encima de todo, así que no me importaba lo más mínimo si quiera donde nos situábamos en este instante. 

-¿No vas a preguntar a dónde vamos? — cuestionó él mientras manejaba el auto suavemente con seguridad. 

-No me preocupa demasiado, si soy sincera. — bajé la ventanilla a la altura de mi barbilla y dejé que el aire chocara con mi piel delicadamente, sin piedad. 

-¿A sí? — pude observar en primera línea como sus ojos se achinaron dejando ver sus dientes colocados en una perfecta fila. — ¿Se puede saber por qué tan poco interés?

-Donde sea que vayamos, estará bien. — me limité a contestar lo necesario y dejé que mi pelo bailara formando ondas en el aire. 

-Pues, esta vez seré sincero yo. — hizo una pausa, dejando que su faceta seria se convertiera en la alegre de segundos atrás. Estaba hecho un experto bipolar. — No tengo idea de a dónde vamos. 

Posé mi vista en su rostro, mordiendo mi labio, intentando no reírme por lo estúpido que sonaba pedir salir a alguien pero sin saber si quiera a dónde. 

 -¿Hablas en serio? — pregunté sin saber si lo que decía era real.

No me mal interpretéis, confiaba al cien por cien en Zayn; tan sólo, no era propio de él. 

-Creía que esta vez te gustaría a tí elegir el sitio.  — se hizo el ofendido por su parte abriendo uno de sus brazos hacia adelante exageradamente, para luego colocarlo de nuevo sobre el volante. 

-Tengo una idea. — sonreí maliciosamente, aún sabiendo que posiblemente esa idea a él no le agradaría. 

Para Zayn, mancharse de pintura, aún con un mono cubriendo cada parte de su esculturoso cuerpo, apuntando a otras personas con una pistola cargada únicamente con balas de pintura de varios colores; no era esa su idea exacta de diversión. 

-Lo que sea.  — habló sonriente.


  
-No creo que te guste, sinceramente.  —reí imaginandome a Zayn con aquel ancho mono dispirándome con una pistola gigante. 

-Dime qué tienes en mente. 

Volví a soltar una carcajada; no podía impedirlo. Tapé suavemente mi boca con mi mano derecha evitando que pudiera fijarse en mi sonrisa.

-Raquel.  —pronunció mi nombre amenazadoramente. — ¿A dónde iremos? 

-Déjame ponerme al volante.  —pedí haciendo un gesto con mis manos, como señal de que quería que levantara su trasero de asiento del piloto. 

Él posó su mirada en mí incrédulo ante mis últimas ideas. 

-¿Estás loca? —abrió sus ojos. —¿Quieres que pare en medio de una autopista para que conduzcas en vez de decirme a dónde quieres que vayamos? 

Dicho así, sonaba estúpido. Debo admitir que sonaba tentador el hecho de correr el riesgo de que nadie condujiera el coche mientras cambiábamos nuestros asientos, y no temía por intentarlo. 

-¿De qué tienes miedo?  — incorporé  mi cuerpo, girando mi cuerpo hacia él, esperándo que levantara su cuerpo de su puesto. 

-De perderte en un accidente automovilísitico. — habló con expresión obvia en su rostro. 

-Una buena manera de morir, ¿no crees? — reí ante aquella idea; me encantaba molestarle con típicas bromas de aquel tipo. 

-Hablo en serio, Raquel. 


 Sabía que lo hacía, pero yo no lo hacía. 

-Lo sé. 

No hubo respuesta por su parte, por lo que decidí proseguir con mi idea de cambiar nuestros asientos. Desabroché mi cinturón y levanté mis caderas del mío, y lo miré por unos segundos intentando que moviera su trasero del suyo, pero no lo hizo. 

-¿Te han dicho alguna vez lo cabezuda que puedes llegar a ser?
—preguntó él aún sabiendo la respuesta. 

-La verdad es que me importa muy poco. Y más viniendo de tí.
—respondí cortante. 

No lo decía en serio. Su opinión era la que más me importaba, pero era tan cabezuda, como decía, que no podía admitirlo de una vez por todas. 

-Llevamos juntos un año, créeme, sé cuando mientes.
—se excusó. 

-Entonces sabrás más que nada, que haré hasta lo imposible para que me cambies de sitio y dejes de conducir a la nada. 

Él me miró por unos segundos, sin prestar atención a la carretera. Me estaba asustando. 

-¿Zayn qué haces? 

Quitó sus manos de los volantes y sus pies de los aceleradores, dejando de piloto a concretamente, nadie. 

-Si quieres morir, moriremos por mi culpa.
— dijo suavemente. 

En cualquier otra ocasión, hubiera dicho que eso era lo más tierno que jamás podía haber dicho, aunque al mismo tiempo, sea igual de cursi; pero viniendo de Zayn, podía aceptar la mayor de las cursilerías.
 Él sabía tomar las medidas correctas de lo cursi, y convertirlo en algo mágico. Como hacía siempre. 

-¿Estás loco o qué te pasa? ¿Se te fundió un cable?
—pregunté rápidamente, sin darme de cuenta de si mis frases tenían si quiera sentido. 

-Ya te lo he dicho. 

-Levanta tu culo de ahí y déjame conducir.
— señalé su asiento bruscamente. 

-Está bien. Pero puede que toque varias cosas que no deba tocar mientras cambiemos los asientos.
—aquel chico llevaba genes pervertidos en su cuerpo. 

-¿Desde cuándo eres así? 

-¿Así cómo?
—no nos habíamos si quiera percatado de que seguíamos en la autopista sin piloto disponible. 

-Pervertido sexual. Si lo hubiera sabido antes me lo hubiera pensado unas cuantas veces antes de salir contigo. 

No pudo aguantar la risa, haciendo que sus ojos se achinaran una vez más, y yo no podía entender el por qué de su ataque de risa.

-Hablaba de el volante y el acelerador. Podría pisarlos o moverlos mientras nos cambiemos de asiento y hacer un completo desastre.
—apenas lo entendí, hablaba al mismo tiempo que reía y tan sólo me concentraba en sus pequeños oyuelos que formaba al hacerlo. 

-Pues perdone usted, por pensar que podrías violarme mientras hacíamos el cambio de asientos. 

***

{Paola y Greyson}


Habíamos subido a su viejo coche que estaba aparcado justo detrás de casa. En ningún momento nadie decidió decir ni una sola palabra, parecía haber conjurado un conjuro para que aquel chico se callara después de haber cruzado de la puerta hacia a fuera. 


Me pareció extraño. Aquel pálido con pecas, hablaba sobre cualquier bobería que se le ocurriera al instante. 

El viaje el coche fue básicamente más de lo mismo. 

-Y... —no sabía que estúpido tema de conversación podría sacar ahora.
— ¿Qué tal estos últimos 9 meses? 

"¿En serio Paola? ¿Qué tal estos 9 meses?" me golpeé mentalmente una, dos y tres veces mientras esperaba a que contestara. 

-No estuvo mal.
—contestó sin más complicación. 

¿No estuvo mal? ¿Qué le pasaba a este chico?

-Me gustan las nuevas canciones, son movidas y ese estilo me encanta.
—comente dando mi opinión, que obviamente comentaba sólo por ver su expresión.

-Gracias. 

 Notaba la poca importancia que le daba a la conversación por lo que decidí que era mejor ir al grano.

Que era lo que él hacia siempre.

-¿Te pasa algo?

No movía las manos del volante, como si se le fuera la vida en ello. No me dirigía la mirada en ningún momento, parecía temerme o algo parecido.

-No, no. -negó rotundamente. -¿Por qué piensas eso?

-“No estuvo mal” “Gracias” - hice una mala imitación de su profunda voz.

Él si quiera rió.

-No me pasa nada. - se molesto en contestar.

-Claro. - ironice.

Lo conocía de la misma manera que me conocía a mi misma. Sabía que cuando mentía, solía arrugar su nariz notablemente. Sabía que cuando se ponía nervioso, o cuando tenía miedo, se mordía una especie de bala que llevaba en forma de colgante en su cuello.

Sabía todo a cerca de su pasado, mientras que vivíamos juntos el presente.

Me siento orgullosa, de conocer a la perfección a la persona a la cual algún día quisiera llamar marido.

Y hay algo en mi interior, que me dice a gritos, que lo haré.

¿Quién dice que no?

Su personalidad alocada incluso en estos años de supuesta marudez que debería de adoptar, hacia el dueto perfecto con mi personalidad típica de domadora de leones.

Pero, como él siempre decía, yo era la única que podía domarlo.

Podían tomarse de varias maneras esta frase, pero yo sabía que decir ese tipo de cosas, le costaban.

Su físico adorable tapaba la gran capa que llevaba dentro, y le costaba reconocer cosas de este estilo.

¿Qué como lo sabía?

Hacíamos el dueto perfecto en este mundo de locos. Nosotros juntos no encajamos en este planeta, pero sólo basto conocerle, para darme cuenta de que juntos si encajamos.

                         ***

Habíamos llegado a la nada.

Exactamente, no había absolutamente nada y más que nada

Tan sólo un viejo bosque, que ya es algo. Oscuro, tan sólo alumbrado por las pocas velas que habitaban en el césped.

Era obra de él.

Pero, ¿por qué esforzarse tanto en un “cita” si siquiera está de humor como para hablarme?

No tenía sentido.

-Greyson, ¿qué es esto? — pregunté mirando una y otra vez el lugar anonadada.

Él me dirigió la mirada, al parecer por primera vez en toda la noche. A cualquier chica, le encantaría que su novio le trajera a un bosque en plena noche tan sólo alumbrándolos con las luces de unas velas. Pero, viniendo de un novio como Greyson, permitidme dudar de si ésto lo hacía por alguna razón en especial.

-No se me dan bien dar sorpresas. — rió él como un niño de 5 años, arrugando la nariz. 

Sería por esto por lo que actuaba extraño hace unos minutos. 

-No. Eso siempre lo he sabido. — dije observando como su sonrisa se tornó a una cara de lástima. Sabía que le fastidiaba no poder hacerme sorpresas, aunque sabía perfectamente que las odiaba. — Pero me encanta. 

-¿La sorpresa o que si quiera haya sido una? —preguntó levantándo el mentón, prestándome de nuevo atención. 

-Ambas cosas hacen que esté enamorada de tí. — sonreí tiernamente, al igual que él hizo minutos después. 

Aquel chico me volvía completamente loca. 

-Estoy enamorado de tí. 

-Y encima te copias de mis frases. —reí mientras me sentaba en el césped. Él hizo lo mismo, pero giró su cuerpo hacia a mí, mientras yo me recostaba para poder divisar las costelaciones. 

-Estoy enamorado de tí. — repitió pero esta vez riendo como si no lo creyera. — Y nunca he podido estar más seguro de lo que digo. Siempre me dejo llevar, siempre hago las cosas involutariamente, haciendo que gobierne mi cerebro cada parte de mi cuerpo. Pero no puedo estar más orgulloso de que mi corazón me diga lo que tengo que hacer en este momento. 

Me daba verguenza mirarlo en estos momentos. No era capaz de hacerlo. 

-¿Sabes? — pasó su mano por su frente, y después de reír irónicamente, prosigió. — Recuerdo perfectamente el día que nos conocimos. Lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer. Pero no es así. Hace un año atrás, justo este mismo día, pude enamorarme por primera vez. Recuerdo como tus ojos se cristalizaban de la misma manera que lo hacían muchas de las fans que había tenido la oportunidad de conocer. Pero, no te veía de la misma manera en que las veía a tí. Desde aquella noche, pasaron miles hasta el día de hoy, que no dejo de pensar en tí. ¿Y sabes por qué? Porque elegí enamorarme de tí. No de super modelos; me enamoré de la persona que aún enferma, aún gritándome, aún regañándome por mi comportamiento, sigue siendo la mujer más hermosa que he visto en toda mi jodida existencia. No puedo estar más orgulloso de haber escuchado por primera vez a mi corazón. Por que, ¡mira a donde me ha llevado! Ahora estoy aquí, y mañana... Mañana puede que no lo sepa. Pero si algo sé es que quiero que seas tú la persona con que pueda compartir idioteces toda mi vida. Esa persona que gobierne todos mis sentidos. 

Era incapaz de moverme en aquel momento, tan sólo mordía mis labios de tal forma que sangraban. No quería que me viera llorar. No ahora. 

-Y es que incluso en los peores momentos, estuviste a mi lado. Cualquier otra persona podría haber estado conmigo por la fama, por el dinero o por cualquier egoísmo aparente, pero, fuiste capaz de demostrarme que incluso en los peores momentos, puedes domarme. Y como ya te he dicho, tú eres la única que puede domarme. Sabes que para mí, decir este tipo de cosas, me es difícil. Pero prefiero perder el orgullo una vez en el resto de mi vida tan sólo porque sepas que no quiero perderte. También sé que no me ves el típico chico cursi que dice sus sentimientos más de una vez. Pero esta noche es una noche para recordar. 

No pude aguantar más, y ya las lágrimas estaban a punto de rozar la piel de mi cuello. La piel de mi brazo estaba completamente erizada, de gallina y por unos segundos, olvidé lo que era respirar. 

-¿Sabes por qué? Porque por una vez en la vida. Tengo las cosas claras. No me ando con rodeos. No pretendo eso. — suspiró frustado. No sabía cómo explicarse. —Hace un año te acababa de conocer. Y debo admitir, que este es mi segundo momento más hermoso que jamás he vivido. En el primero conocí a la persona que conseguí calmar mis estupideces, que consigue hacerme reír incluso cuando debería ser imposible, la que consigue hacerme sonreír cada vez que levanto por la mañana. Esa eres tú. Sí, tú. Paola. Recuerdo que para tí, esto era algo imposible. Algo irreal que no eras capaz de comprender por qué te pasaba a tí. Pero está pasando y va a pasar. ¡Joder! Que hace un año no me hubiera imaginado llegar hasta aquí. ¿Sabes?

Notaba que él estaba al borde de las lágrimas, pero yo ya había roto en ellas hace demasiado tiempo. Me incorporé para poder divisarlo mejor. 

-Greyson, ¿qué pasa? 

-Es que joder, hace un año acababa de verte por primera vez, y ahora... Mierda, ahora... Ahora estoy buscando la manera menos idiota de pedirte que te cases conmigo. 

Si creía haber llorado los minutos anteriores, ahora las lágrimas eran reales. Tapé con mis manos mi cara al completo para que no pudiera ver mi expresión y suspiré repetidamente, intentando respirar correctamente pero me era imposible, parecía que estaba teniendo problemas respiratorios. 

¿Qué se supone que debería responder a eso?

Es decir, no tenía ni una sola palabra, si quiera frase que fuera oportuna en esta situación. Para mí, el tiempo había pasado lento. No era demasiado rápido para contraer matrimonio. No es que no confiara en él, había soñado con este momento toda mi vida y no podía negar que parecía que esto era un sueño del que no quería despertar. 

Pero, ¿qué hacer cuando no tienes una respuesta?

Seguir al corazón. ¿No es cierto? 

El chico que atrapó mi corazón, y que más de una vez pudo llegar a romperlo, pero que segundos después lo recompuso, estaba frente a mí, esperando a que al menos pronunciara una sola palabra. Pero eso era como pedirle a la luna que dejara de brillar por la noche. 

Imposible. 

"Es pronto. Dile que no." "Has soñado con este momento toda tu vida, ¿pretendes decirle que no?"
"Reacciona, va a pensar que no quieres ni verle".

Varias voces hablaban a gritos en mi cabeza. Pero, ¿cuál escuchar? Mi corazón parecía estar escondido tras esas voces que esperaban ser escuchadas.

-Greyson... —pronuncié su nombre. El después de esperar tanto, levantó su mentón avergonzado. En cambio, yo lo baje. No quería contacto de miradas en este momento. Me confundían. —Yo.. Joder, entiéndeme, tengo una vida por delante. Tengo mi carrera, tú tienes la tuya, tenemos miles de planes previstos para ambos. Si quiera ha pasado un año. Creeme, que ser tu esposa suena tentador. Lo es, realmente. No me puedo imaginar una idea mejor, pero, entiéndeme. Estoy confusa. 

-Es un no, ¿verdad? — un hilo de voz se formó en su voz que ya era ronca de por sí. 

-No. Es un necesito tiempo. — finalicé. 

Él asintió levemente. 

Créanme que me sentía estúpida. Era el chico con el que llevaba soñando desde hace años. Con el que quería pasar más años de los que pudiera desear, pero la confusión de ser suficiente para él, si de verdad era lo correcto, si era lo mejor para ambos, si eso afectaría a nuestro futuro o nuestras carreras. Cómo se lo tomarían Paula, Raquel, Zayn... Justin. Sobre todo, Paula. Ella estuvo desde el principio, y aún sigue aquí. Dios, y aunque me cueste admitirlo. Justin también lo estuvo. 

Estuvo haciendo el papel de mejor amigo. Recuerdo que era la persona con la que podía hablar de cualquier cosa, sabía que él siempre me haría reír aunque estuviera pasando por el peor momento. Recuerdo las peleas con Greyson, él siempre era el intercomunicador, me daba los mejores consejos que jamás llegué a escuchar de alguien. Hizo el papel de hermano. Y después de todo, ¿qué puedo decir? Me siento orgullosa de poder decir que elegí bien. Ninguna persona podía haberlo echo mejor que él. Nadie me hubiera podido ayudar de una mejor manera. Y a pesar de todo, le debo más de lo que puedo admitir. 

En estos momentos. Me sentía una gran estúpida. La tomaba con quien no debía y tomaba decisiones inapropiadas. 

-¿Quieres volver a casa ya? — preguntó él nervioso.

Negué rotundamente. 

-No quiero desaprovechar esta noche contigo.

-Seguramente, Paula querrá que vayamos para no estar con Just...

-Estarán bien. — le sonreí. Al igual que él lo hizo. — Igual que nosotros. 

***