***
{Paola y Greyson}
Si apagaramos todas las velas que nos rodeaban en este instante, y estuviéramos en completa oscuridad, la sonrisa de Greyson conseguiría alumbrar cada uno de los escondrijos de este bosque.
-Es en serio. — rió fuertemente, haciendo que yo también, por una extraña razón, lo hiciese.
-No puedo creer que esa canción la hayas escrito por mí. — casi no podía respirar.
-Tan sólo me vino la inspiración. Estaba en mi cuarto, y cuando de repente, las letras comenzaron a formarse solas en mi mente, y tuve que empezar a escribirlas. — habló él atropellando sus palabras mientras reía. Adoraba que riera.
-Entonces sólo hay una cosa que no entiendo.
-¿Cuál?
-¿Por qué Thrilla In Manilla?
-No puedo responderte a esa pregunta. — rió.
-¿Por qué?
-Porque ni yo mismo lo sé.
-Te aplaudiría, pero guardo mis aplausos para cuando los merescas. — él se acostó a mi lado, apoyando su cabeza al lado de la mía, sólo que la diferencia es que yo miraba a las estrellas, él me miraba a mí.
Después de unos minutos, sentí como se había callado completamente sin decir ni una sola palabra, entonces giré con cuidado mi cuello, y lo ví.
Se había quedado dormido.
Greyson aún tenía sus facetas de niño pequeño, pero eso me encantaba.
Se había quedado dormido a mí lado, con sus cachetes rosados por el frío que hacía en el bosque. Posó su mano derecha en mi vientre y me apegó a él como si fuera un peluche. Su peluche.
Y de la nada, comenzó a hablar en sueños, como todo un niño de 5 años.
-Entonces sólo hay una cosa que no entiendo.
-¿Cuál?
-¿Por qué Thrilla In Manilla?
-No puedo responderte a esa pregunta. — rió.
-¿Por qué?
-Porque ni yo mismo lo sé.
-Te aplaudiría, pero guardo mis aplausos para cuando los merescas. — él se acostó a mi lado, apoyando su cabeza al lado de la mía, sólo que la diferencia es que yo miraba a las estrellas, él me miraba a mí.
Después de unos minutos, sentí como se había callado completamente sin decir ni una sola palabra, entonces giré con cuidado mi cuello, y lo ví.
Se había quedado dormido.
Greyson aún tenía sus facetas de niño pequeño, pero eso me encantaba.
Se había quedado dormido a mí lado, con sus cachetes rosados por el frío que hacía en el bosque. Posó su mano derecha en mi vientre y me apegó a él como si fuera un peluche. Su peluche.
Y de la nada, comenzó a hablar en sueños, como todo un niño de 5 años.
-Paola. —me llamó.
-Dime. — susurré para no despertarle.
Tardó en contestar.
-¿Algún día, será un sí?
Sentí algo en mi estómago estrujarse por completo, dándome de cuenta de que posiblemente, le haya dolido mi respuesta, y haya estado pensando en esa pregunta toda la noche, intentando actuar normal.
La verdad, que esa pregunta se había pasado por mi cabeza la mayoría del tiempo.
A lo mejor algún día, sea él con quien despierte y con me acueste cada noche, sabiendo que al día siguiente, el seguirá allí, abrazándome de la misma manera que hacía ahora. Que todo cambiaría, más de lo que ya había hecho y en vez de tan sólo etiquetarlo como novio, pueda hacerlo como marido, y como padre de mis hijos.
Creedme, que esa idea era fascinantemente increíble. Pero, debía tomarme mi tiempo para saber las respuestas a cada una de las preguntas que los demás me hacían, y hasta las mías propias.
Mi amor por Greyson nunca moriría, así como lo inmortal. Quedaría siempre ahí. Tal vez como un sentimiento, o como algo más que un simple sentimiento. Más que unas típicas frases de amor cursis, más que el tiempo que separa y une al mismo tiempo.
Así éramos. No dejábamos que el tiempo interfiriese entre lo que llamábamos "nosotros". No dejábamos que el orgullo nos dejara no ser nosotros mismos. Hacíamos que después de todo, el esfuerzo contáse como manera para expresarse y el tiempo se transformara en una prueba de fidelidad que ninguno estaba dispuesto a fallar.
Cogí el coraje suficiente como para contestar algo que ni siquiera pensé, tan sólo, como se suele decir, actué.
-Algún día.
Apretó más su cuerpo contra el mío como todo un bebé, para cubrirse el rostro con mi hombro y seguir durmiendo.
Minutos después, recibí un mensaje.
"Siento interrumpir pero, necesito ayuda. Zayn está ingresado en la UCI. "
Mi corazón se paró al leer las últimas palabras del texto, e inmediatamente levanté a Greyson de su siesta. Él alarmado, se levantó velozmente.
-¿Qué pasa? — preguntó alterado.
-Hay que ir al hospital. Rápido.— me limité a contestar.
Empecé a correr y él hizo lo mismo después de haber apagado las velas fugazmente, para luego, subir al coche sin rechistar.
Colocamos nuestros cinturones, y en menos de un minuto, estábamos de camino al hospital.
-¡Acelera, Greyson! — pedí con la adrenalina fluyendo por mis venas.
-No puedo ir más rápido, ¿quieres que tengamos un accidente? — preguntó.
-Deja de hacer preguntas que no quiero contestar. — solté rápidamente.
-Si querías decirme que no, lo hubieras hecho. — respondió.
-No quería dec...
-No hace falta que digas nada. — dijo él. Dobló la esquina y noté como había aumentado su velocidad.
Comenzó a llover, cada vez más fuerte. Los nervios que sentía en aquel instante me hacían querer estallar. Salimos del coche después de haberlo aparcado lo más cerca que llegamos a alcanzar y después de que unas cuantas y numerosas gotas dispararan en nuestras cabezas dejandonos empapapados mientras corríamos, entramos a la UCI.
***
{Paula y Justin}
Estaba consiliando el sueño, cuando de repente, me llegó un pequeño mensaje que consiguió pararme el corazón por segundos.
Lo volví a leer una y otra vez sin poderlo creer.
Parecía como si el destino quisiera castigarme, y quitarme de mi lado a todas las personas que quería.
"Zayn está en la UCI. ¿Podrías venir si no es molestia?"
Ese era el mensaje.
Me levanté lo más rápido que mi cuerpo me permitió para abrir la puerta de mi habitación, pero alguien se había adelantado. Y justo fue el momento en que nuestros cuerpos chocaron, sin permiso. Y sin siquiera ni uno de los dos retrocedió.
Fue el momento en el que sabía que esto estaba mal, en el que di unos pasos atrás, con la respiración agitada y aún cabizbaja.
-Zayn está en el hospital.— dije.
-Lo sé. — respondió. — Iba a preguntarte si quieres que te lleve.
Asentí nerviosamente, jugando con mis dedos, unos con otros. Tenía esa manía cuando me ponía nerviosa, era costumbre. Y él lo sabía.
Bajamos las escaleras, él primero, yo después. Recogió su chaqueta colgada en el perchero frente a la puerta principal, y me dirigí a abrirla, pero él lo hizo antes, dejándome pasar a mí primero.
Todo esto estaba siendo demasiado incómodo para mí.
Estupendo, se había puesto a llover. Corrimos hasta la parte trasera de la casa, casi a la misma altura, donde nuestras manos rozaron más de una vez, creando una conección que hacía mucho no sentía. La lluvia nos había dejado a ambos empapados, y justo en el momento en el que fui a abrir la puerta del coche, él se adelantó, aproximandose a ella y abriendola frente a mí. Le miré detenidamente, al igual que él lo hizo.
La lluvia seguía mojándonos a ambos, pero eso al parecer a ninguno nos importaba. Tan sólo nos limitábamos a examinarnos el rostro el uno al otro, viendo lo que habíamos cambiado. Todo lo que había cambiado en nosotros. Y hablaba por mí, cuando decía, que Justin para mí seguiría siendo el mismo chico que conquistó mi corazón.
Siempre.
Se aproximó a mí poco a poco, parecía una escena de una película de la que no me importaba ser protagonista junto a él. Se acercó poco a poco a mí, al mismo tiempo que yo me alejaba.
-Tenemos que ir al hospital. — dije cabizbaja. Él asintió avergonzado y ambos entramos al coche.
Condució lo más rápido que pudo sin darle miedo la velocidad. El hospital estaba a unos quince minutos de aquí, pero él hizo que el trayecto durara mucho menos, saltandose los semáforos como si estuviera cabreado consigo mismo por algo.
Como si quisiera desaperecer del mundo en el intento.
Y me llevaría a mí con él. Y podría vivir con ello.
Llegamos al hospital y sin importarnos un carajo la lluvia sobre nosotros, corrimos dentro de la UCI.
Tan sólo pedía una y otra vez en mi interior que todo estuviera bien.
***
{Raquel y Zayn}
Estaba esperando en la sala de espera a que me dieran permiso para entrar a ver a Zayn, o al menos alguna que otra noticia que asegurara que estaba bien o estable. Pero por más que pasaran las horas, no recibía ninguna señal.
Así que esperé a que un enfermero o un médico saliera de alguna habitación para preguntarle.
Así que aproveché a el viejo que aparentaba unos sesenta años, que estaba pasando frente a mí con bata blanca.
-Disculpe. — quise llamar su atención.
-¿Si? —respondió con poca gana. Comprendía que estuviera cansado, pero al menos, yo he mostrado educación.
-¿Sabría algo del paciente que acaban de ingresar? Zayn Malik. — cuestioné con esperanzas.
Tomó en sus manos, la pequeña carpeta que sujetaba en sus axilas y pasó unas cuántas hojas ojeándolas con sus gafas medio caídas, y cuando se paró en una, suspiró pesadamente, echándome un vistazo.
Tardó en contestar, así que me esperé lo peor.
Las lágrimas ya eran inevitables.
-Dios mío.
-Lo siento mucho, señorita.
Conseguí llegar hasta la silla más próxima a mí y sentarme en ella cubriendo mi rostro con mis manos sin parar de sollozar fuertemente intentando recuperar el aire pero me era imposible.
No podía ser verdad. Esto no podía estar pasando. Si alguien debía morir, debía ser yo.
Yo debería de haber chocado mi cabeza contra la puerta, fuertemente, y morirme de un ataque cerebral en vez de él. Él no se merecía esto.
Él se merece más días de los que me gustaría contar.
Ojalá estuviera aquí, presente, frente a mí, para decirme: "Esto no es un adiós".
Pero me temo que este sí lo es, Zayn.
Siempre le digo a la gente cercana a mí que no me prometa cosas que nunca llegará a cumplir. A Zayn nunca se lo dije.
¿Por qué? Porque confiaba en él, más que en mí.
Y sabía que lo cumpliría.
Siempre lo hace.
-¿Señorita? ¿Por qué está llorando? — un chico de bata blanca, de unos veinte años, moreno de ojos verdes, se había acercado a mí.
-Mi novio... — empecé a sollozar más fuerte.
-¿Cuál es el nombre de su novio? — preguntó curioso.
-Zayn. — fue lo único que pude llegar a contestar.
-¿Zayn Malik? — asentí leventemente. — Está preguntando por usted en la habitación, dice que quiere verla.
-¿Habla en serio?
-Muy en serio. Está en la ... — desde que señaló la puerta, lo interrumpí para irme corriendo como un alcón hasta la habitación donde él estaba.
Abrí la puerta y sin esperarmelo, allí estaba. Mi luchador. El que una vez conocí y que aún sigue en pie.
Me sonreía inmóvil en la camilla, con una enorme venda rodeando su cabeza.
Lágrimas salieron de mis ojos y sin pensarlo, me abalancé a sus brazos y lo abracé fuertemente. Siempre me sentía segura a su lado. Me trasmitía esa seguridad que nadie hacía.
-Esto no es un adiós. — se rió como su garganta le permitió. Aún estaba débil. Estaría unos días en observación.
-Siempre cumples lo que prometes. — sonreí.
-Ya me conoces, no te librarás de mí fácilmente. — volvió a reír, dejando que me fijara en sus oyuelos y como aproximaba a lengua a sus dientes.
-Me alegro de ello.
Sonrió de lado, como pudo. Y aún así me pareció tierno.
-Siento haberte dado ese susto. — se disculpó.
-Todo fue mi culpa. Debería disculparme yo. — dije avergonzada.
-Fui yo quien te pidió salir, Raquel. La culpa es mía. — insistió.
-Si no lo hubieras hecho tú, lo hubiera hecho yo. Y entonces, el 100 por ciento de la culpa ya sería mía.
-Pero no lo es, Raquel. No te eches la culpa de este pequeño susto.
-Te hubiera perdido por mi propia culpa.
-¿Te han dicho alguna vez lo cabezuda que eres? —preguntó sonriente.
-Me parece haberlo escuchado de alguien. — me hice la inocente refiriendome a él.
-Tiene mucha razón ese alguien.
-Siempre la tiene.
Me dedicó la más hermosa de las sonrisas, de esas que nunca me cansaría de observar en toda mi existencia.
Agradecía a Dios que hubiera escuchado mis oraciones, que haya hecho más de lo que merecía.
Que lo trajera de vuelta.
Es decir, nunca lo había perdido del todo, siempre quedaría en mí los recuerdos. Nunca conseguiría perder a Zayn del todo en mi vida. ¿Que por qué? Porque él se había convertido en parte de ella.
-Merezco ir al infierno por esto. —hablé cambiando de tema.
Él negó rotundamente.
-Mereces ir al cielo, cuando te toque la hora. Porque tú me salvaste. —enarqué una ceja, y él prosigió. — Desde que quedé inconsciente hasta antes de despertar estuviste en mis pensamientos, rondando en ellos, siendo protagonista de ellos. Como si estuvieramos conectados. Me decías que todo saldría bien, me cogías de la mano, fuertemente. Era como un tacto, real. Podía sentirlo. Y por una vez, ví la luz. La ví, Raquel. Estaba frente a mí, invitándome a irme de una vez por todas, mientras que me gritabas que fuera fuerte. No podía hacer otra cosa que caminar hacia adelante, pero tú no me soltabas la mano. Y justo en el momento en el que crucé la vida y la muerte, tu agarre consiguió salvarme.
Fui a hablar pero me lo impidió. Sin darme cuenta tenía mi mano en su camilla y antes de que fuera a quitarla para no estorbarle, la atrapó en el aire y la colocó en su abdomen.
-Puede que no me creas, pero me has salvado la vida más de una vez.
Me levanté del sillón para contemplar su rostro desde un plano mejor. Acaricié su mejilla suavemente, sin querer que sintiera dolor por ello. Sentí hacerle cosquillas, ya que movió su cuello.
-Descansa.
Cerró los ojos, como si hubiera recitado un pequeño conjuro y respiró hondo. Estaba feliz por que hubiera vuelto, porque siguiera siendo quien era. Por no perder las costumbres, por no perder las manías. Por seguir siendo el chico del que me enamoré. Estaba feliz de que cumpliera sus promesas y que haya seguido conmigo.
A Zayn podría catalogarlo de muchas e infinidades de etiquetas que lo definirían a la perfección.
Pero por encima de todo, siempre hay algo que me ha llamado la atención. Hay algo que destaca en él, que sólo conocerás con el paso del tiempo. No puedes saberlo a través de las cámaras, y menos en cuestión de segundos. Es algo que sólo conocerás si él te lo permite.
Zayn es valiente.
Y me encantaba correr el riesgo y rozar la muerte con el chico que robó mi corazón.
***
Tocaron la puerta repetidas veces y a los pocos segundos, la abrieron, dejándo aparecer a Paola y Greyson completamente mojados por el agua.
Respiraron agitados como si viniera un tsunami tras ellos y no pudieran haber parado de correr.
-Sh. — les mandé a silenciarse. —Está durmiendo.
Paola y Greyson asintieron levemente y pusieron su atención en el chico de la camilla.
-¿Está bien? ¿Tan sólo ha sido un susto?
-Ha tenido un derrame cerebral gracias a un golpe que tuvo. Lo han podido coger a tiempo. — sonreí orgullosa.
-Zayn es valiente, sabía que podía salir de esta. — habló Paola.
Se sentaron en las sillas que estaban al lado mío, cada uno ocupaba una.
-Es justo lo que yo pensaba. — sonreí mirando su rostro cansado y pálido por la operación.
Pero seámos sinceros, pálido, con vendas rodeando su cabeza, durmiendo... ¿Qué más da? Seguía siendo el mismo chico del que me enamoré.
Minutos después, volvieron a tocar la puerta, dejándo entrar a Paula y Justin. Les sonreí mientras ellos pasaban cautelosamente a la habitación.
Paula sonrió al ver a Zayn sano en la camilla y Justin tan sólo arrugó la frente dudoso.
-¿Está bien, verdad? Dime que se va a poner bien. — pidió.
-Si, tan sólo está descansando. — intenté reír no muy fuerte para que no despertara.
-Este chico no para de sorprenderme. — habló Paola sonriente negando con la cabeza.
A puesto a que todos los de la sala, estaban orgullosos de lo fuerte que había sido de su parte combatir con un derrame cerebral.
Pero, yo en el interior, por muy asustada que estuviera, no dudé ni un momento que él podría combatir con esto y más.
Porque Zayn a mí, no dejaría de sorprenderme. De alegrarme la vida con una simple sonrisa. De cumplir sus promesas aunque éstas cuesten la vida.
Y por más que me cueste admitirlo, nunca le he temido a nada en esta vida.
Tan sólo a una cosa; perderlo para siempre.
***
-¿Algún día, será un sí?
Sentí algo en mi estómago estrujarse por completo, dándome de cuenta de que posiblemente, le haya dolido mi respuesta, y haya estado pensando en esa pregunta toda la noche, intentando actuar normal.
La verdad, que esa pregunta se había pasado por mi cabeza la mayoría del tiempo.
A lo mejor algún día, sea él con quien despierte y con me acueste cada noche, sabiendo que al día siguiente, el seguirá allí, abrazándome de la misma manera que hacía ahora. Que todo cambiaría, más de lo que ya había hecho y en vez de tan sólo etiquetarlo como novio, pueda hacerlo como marido, y como padre de mis hijos.
Creedme, que esa idea era fascinantemente increíble. Pero, debía tomarme mi tiempo para saber las respuestas a cada una de las preguntas que los demás me hacían, y hasta las mías propias.
Mi amor por Greyson nunca moriría, así como lo inmortal. Quedaría siempre ahí. Tal vez como un sentimiento, o como algo más que un simple sentimiento. Más que unas típicas frases de amor cursis, más que el tiempo que separa y une al mismo tiempo.
Así éramos. No dejábamos que el tiempo interfiriese entre lo que llamábamos "nosotros". No dejábamos que el orgullo nos dejara no ser nosotros mismos. Hacíamos que después de todo, el esfuerzo contáse como manera para expresarse y el tiempo se transformara en una prueba de fidelidad que ninguno estaba dispuesto a fallar.
Cogí el coraje suficiente como para contestar algo que ni siquiera pensé, tan sólo, como se suele decir, actué.
-Algún día.
Apretó más su cuerpo contra el mío como todo un bebé, para cubrirse el rostro con mi hombro y seguir durmiendo.
Minutos después, recibí un mensaje.
"Siento interrumpir pero, necesito ayuda. Zayn está ingresado en la UCI. "
Mi corazón se paró al leer las últimas palabras del texto, e inmediatamente levanté a Greyson de su siesta. Él alarmado, se levantó velozmente.
-¿Qué pasa? — preguntó alterado.
-Hay que ir al hospital. Rápido.— me limité a contestar.
Empecé a correr y él hizo lo mismo después de haber apagado las velas fugazmente, para luego, subir al coche sin rechistar.
Colocamos nuestros cinturones, y en menos de un minuto, estábamos de camino al hospital.
-¡Acelera, Greyson! — pedí con la adrenalina fluyendo por mis venas.
-No puedo ir más rápido, ¿quieres que tengamos un accidente? — preguntó.
-Deja de hacer preguntas que no quiero contestar. — solté rápidamente.
-Si querías decirme que no, lo hubieras hecho. — respondió.
-No quería dec...
-No hace falta que digas nada. — dijo él. Dobló la esquina y noté como había aumentado su velocidad.
Comenzó a llover, cada vez más fuerte. Los nervios que sentía en aquel instante me hacían querer estallar. Salimos del coche después de haberlo aparcado lo más cerca que llegamos a alcanzar y después de que unas cuantas y numerosas gotas dispararan en nuestras cabezas dejandonos empapapados mientras corríamos, entramos a la UCI.
***
{Paula y Justin}
Estaba consiliando el sueño, cuando de repente, me llegó un pequeño mensaje que consiguió pararme el corazón por segundos.
Lo volví a leer una y otra vez sin poderlo creer.
Parecía como si el destino quisiera castigarme, y quitarme de mi lado a todas las personas que quería.
"Zayn está en la UCI. ¿Podrías venir si no es molestia?"
Ese era el mensaje.
Me levanté lo más rápido que mi cuerpo me permitió para abrir la puerta de mi habitación, pero alguien se había adelantado. Y justo fue el momento en que nuestros cuerpos chocaron, sin permiso. Y sin siquiera ni uno de los dos retrocedió.
Fue el momento en el que sabía que esto estaba mal, en el que di unos pasos atrás, con la respiración agitada y aún cabizbaja.
-Zayn está en el hospital.— dije.
-Lo sé. — respondió. — Iba a preguntarte si quieres que te lleve.
Asentí nerviosamente, jugando con mis dedos, unos con otros. Tenía esa manía cuando me ponía nerviosa, era costumbre. Y él lo sabía.
Bajamos las escaleras, él primero, yo después. Recogió su chaqueta colgada en el perchero frente a la puerta principal, y me dirigí a abrirla, pero él lo hizo antes, dejándome pasar a mí primero.
Todo esto estaba siendo demasiado incómodo para mí.
Estupendo, se había puesto a llover. Corrimos hasta la parte trasera de la casa, casi a la misma altura, donde nuestras manos rozaron más de una vez, creando una conección que hacía mucho no sentía. La lluvia nos había dejado a ambos empapados, y justo en el momento en el que fui a abrir la puerta del coche, él se adelantó, aproximandose a ella y abriendola frente a mí. Le miré detenidamente, al igual que él lo hizo.
La lluvia seguía mojándonos a ambos, pero eso al parecer a ninguno nos importaba. Tan sólo nos limitábamos a examinarnos el rostro el uno al otro, viendo lo que habíamos cambiado. Todo lo que había cambiado en nosotros. Y hablaba por mí, cuando decía, que Justin para mí seguiría siendo el mismo chico que conquistó mi corazón.
Siempre.
Se aproximó a mí poco a poco, parecía una escena de una película de la que no me importaba ser protagonista junto a él. Se acercó poco a poco a mí, al mismo tiempo que yo me alejaba.
-Tenemos que ir al hospital. — dije cabizbaja. Él asintió avergonzado y ambos entramos al coche.
Condució lo más rápido que pudo sin darle miedo la velocidad. El hospital estaba a unos quince minutos de aquí, pero él hizo que el trayecto durara mucho menos, saltandose los semáforos como si estuviera cabreado consigo mismo por algo.
Como si quisiera desaperecer del mundo en el intento.
Y me llevaría a mí con él. Y podría vivir con ello.
Llegamos al hospital y sin importarnos un carajo la lluvia sobre nosotros, corrimos dentro de la UCI.
Tan sólo pedía una y otra vez en mi interior que todo estuviera bien.
***
{Raquel y Zayn}
Estaba esperando en la sala de espera a que me dieran permiso para entrar a ver a Zayn, o al menos alguna que otra noticia que asegurara que estaba bien o estable. Pero por más que pasaran las horas, no recibía ninguna señal.
Así que esperé a que un enfermero o un médico saliera de alguna habitación para preguntarle.
Así que aproveché a el viejo que aparentaba unos sesenta años, que estaba pasando frente a mí con bata blanca.
-Disculpe. — quise llamar su atención.
-¿Si? —respondió con poca gana. Comprendía que estuviera cansado, pero al menos, yo he mostrado educación.
-¿Sabría algo del paciente que acaban de ingresar? Zayn Malik. — cuestioné con esperanzas.
Tomó en sus manos, la pequeña carpeta que sujetaba en sus axilas y pasó unas cuántas hojas ojeándolas con sus gafas medio caídas, y cuando se paró en una, suspiró pesadamente, echándome un vistazo.
Tardó en contestar, así que me esperé lo peor.
Las lágrimas ya eran inevitables.
-Dios mío.
-Lo siento mucho, señorita.
Conseguí llegar hasta la silla más próxima a mí y sentarme en ella cubriendo mi rostro con mis manos sin parar de sollozar fuertemente intentando recuperar el aire pero me era imposible.
No podía ser verdad. Esto no podía estar pasando. Si alguien debía morir, debía ser yo.
Yo debería de haber chocado mi cabeza contra la puerta, fuertemente, y morirme de un ataque cerebral en vez de él. Él no se merecía esto.
Él se merece más días de los que me gustaría contar.
Ojalá estuviera aquí, presente, frente a mí, para decirme: "Esto no es un adiós".
Pero me temo que este sí lo es, Zayn.
Siempre le digo a la gente cercana a mí que no me prometa cosas que nunca llegará a cumplir. A Zayn nunca se lo dije.
¿Por qué? Porque confiaba en él, más que en mí.
Y sabía que lo cumpliría.
Siempre lo hace.
-¿Señorita? ¿Por qué está llorando? — un chico de bata blanca, de unos veinte años, moreno de ojos verdes, se había acercado a mí.
-Mi novio... — empecé a sollozar más fuerte.
-¿Cuál es el nombre de su novio? — preguntó curioso.
-Zayn. — fue lo único que pude llegar a contestar.
-¿Zayn Malik? — asentí leventemente. — Está preguntando por usted en la habitación, dice que quiere verla.
-¿Habla en serio?
-Muy en serio. Está en la ... — desde que señaló la puerta, lo interrumpí para irme corriendo como un alcón hasta la habitación donde él estaba.
Abrí la puerta y sin esperarmelo, allí estaba. Mi luchador. El que una vez conocí y que aún sigue en pie.
Me sonreía inmóvil en la camilla, con una enorme venda rodeando su cabeza.
Lágrimas salieron de mis ojos y sin pensarlo, me abalancé a sus brazos y lo abracé fuertemente. Siempre me sentía segura a su lado. Me trasmitía esa seguridad que nadie hacía.
-Esto no es un adiós. — se rió como su garganta le permitió. Aún estaba débil. Estaría unos días en observación.
-Siempre cumples lo que prometes. — sonreí.
-Ya me conoces, no te librarás de mí fácilmente. — volvió a reír, dejando que me fijara en sus oyuelos y como aproximaba a lengua a sus dientes.
-Me alegro de ello.
Sonrió de lado, como pudo. Y aún así me pareció tierno.
-Siento haberte dado ese susto. — se disculpó.
-Todo fue mi culpa. Debería disculparme yo. — dije avergonzada.
-Fui yo quien te pidió salir, Raquel. La culpa es mía. — insistió.
-Si no lo hubieras hecho tú, lo hubiera hecho yo. Y entonces, el 100 por ciento de la culpa ya sería mía.
-Pero no lo es, Raquel. No te eches la culpa de este pequeño susto.
-Te hubiera perdido por mi propia culpa.
-¿Te han dicho alguna vez lo cabezuda que eres? —preguntó sonriente.
-Me parece haberlo escuchado de alguien. — me hice la inocente refiriendome a él.
-Tiene mucha razón ese alguien.
-Siempre la tiene.
Me dedicó la más hermosa de las sonrisas, de esas que nunca me cansaría de observar en toda mi existencia.
Agradecía a Dios que hubiera escuchado mis oraciones, que haya hecho más de lo que merecía.
Que lo trajera de vuelta.
Es decir, nunca lo había perdido del todo, siempre quedaría en mí los recuerdos. Nunca conseguiría perder a Zayn del todo en mi vida. ¿Que por qué? Porque él se había convertido en parte de ella.
-Merezco ir al infierno por esto. —hablé cambiando de tema.
Él negó rotundamente.
-Mereces ir al cielo, cuando te toque la hora. Porque tú me salvaste. —enarqué una ceja, y él prosigió. — Desde que quedé inconsciente hasta antes de despertar estuviste en mis pensamientos, rondando en ellos, siendo protagonista de ellos. Como si estuvieramos conectados. Me decías que todo saldría bien, me cogías de la mano, fuertemente. Era como un tacto, real. Podía sentirlo. Y por una vez, ví la luz. La ví, Raquel. Estaba frente a mí, invitándome a irme de una vez por todas, mientras que me gritabas que fuera fuerte. No podía hacer otra cosa que caminar hacia adelante, pero tú no me soltabas la mano. Y justo en el momento en el que crucé la vida y la muerte, tu agarre consiguió salvarme.
Fui a hablar pero me lo impidió. Sin darme cuenta tenía mi mano en su camilla y antes de que fuera a quitarla para no estorbarle, la atrapó en el aire y la colocó en su abdomen.
-Puede que no me creas, pero me has salvado la vida más de una vez.
Me levanté del sillón para contemplar su rostro desde un plano mejor. Acaricié su mejilla suavemente, sin querer que sintiera dolor por ello. Sentí hacerle cosquillas, ya que movió su cuello.
-Descansa.
Cerró los ojos, como si hubiera recitado un pequeño conjuro y respiró hondo. Estaba feliz por que hubiera vuelto, porque siguiera siendo quien era. Por no perder las costumbres, por no perder las manías. Por seguir siendo el chico del que me enamoré. Estaba feliz de que cumpliera sus promesas y que haya seguido conmigo.
A Zayn podría catalogarlo de muchas e infinidades de etiquetas que lo definirían a la perfección.
Pero por encima de todo, siempre hay algo que me ha llamado la atención. Hay algo que destaca en él, que sólo conocerás con el paso del tiempo. No puedes saberlo a través de las cámaras, y menos en cuestión de segundos. Es algo que sólo conocerás si él te lo permite.
Zayn es valiente.
Y me encantaba correr el riesgo y rozar la muerte con el chico que robó mi corazón.
***
Tocaron la puerta repetidas veces y a los pocos segundos, la abrieron, dejándo aparecer a Paola y Greyson completamente mojados por el agua.
Respiraron agitados como si viniera un tsunami tras ellos y no pudieran haber parado de correr.
-Sh. — les mandé a silenciarse. —Está durmiendo.
Paola y Greyson asintieron levemente y pusieron su atención en el chico de la camilla.
-¿Está bien? ¿Tan sólo ha sido un susto?
-Ha tenido un derrame cerebral gracias a un golpe que tuvo. Lo han podido coger a tiempo. — sonreí orgullosa.
-Zayn es valiente, sabía que podía salir de esta. — habló Paola.
Se sentaron en las sillas que estaban al lado mío, cada uno ocupaba una.
-Es justo lo que yo pensaba. — sonreí mirando su rostro cansado y pálido por la operación.
Pero seámos sinceros, pálido, con vendas rodeando su cabeza, durmiendo... ¿Qué más da? Seguía siendo el mismo chico del que me enamoré.
Minutos después, volvieron a tocar la puerta, dejándo entrar a Paula y Justin. Les sonreí mientras ellos pasaban cautelosamente a la habitación.
Paula sonrió al ver a Zayn sano en la camilla y Justin tan sólo arrugó la frente dudoso.
-¿Está bien, verdad? Dime que se va a poner bien. — pidió.
-Si, tan sólo está descansando. — intenté reír no muy fuerte para que no despertara.
-Este chico no para de sorprenderme. — habló Paola sonriente negando con la cabeza.
A puesto a que todos los de la sala, estaban orgullosos de lo fuerte que había sido de su parte combatir con un derrame cerebral.
Pero, yo en el interior, por muy asustada que estuviera, no dudé ni un momento que él podría combatir con esto y más.
Porque Zayn a mí, no dejaría de sorprenderme. De alegrarme la vida con una simple sonrisa. De cumplir sus promesas aunque éstas cuesten la vida.
Y por más que me cueste admitirlo, nunca le he temido a nada en esta vida.
Tan sólo a una cosa; perderlo para siempre.
***